jueves, 21 de abril de 2011

LA DONACIÓN DEL AMOR, ... LA CRUZ

De la mesa testamentaria en la que Jesús se ha entregado y ha enjugado nuestros pies, los acontecimientos se precipitan con suma rapidez en su vida y en nuestra celebración cristiana: marchamos al huerto de los olivos y recordamos su oración sacerdotal recogida en el evangelio de san Juan: “te ruego por ellos, para que sean uno, como tú y yo somos uno”; es entregado por uno de los suyos y se le somete a un doble proceso para terminar en la sentencia condenatoria a la muerte, y ésta en la cruz.

Nos adentramos en las entrañas de este viernes santo. Y un signo por encima de todos: la Cruz.Nosotros predicamos a un Cristo crucificado, que es escándalo para los judíos y locura para los paganos. Mas para los que han sido llamados… se trata de un Cristo que es fuerza de Dios y sabiduría de Dios…”(1Cor 1,18.21-24).
Una sabiduría, quizás mal entendida. Siempre que hablamos de la cruz la entendemos desde la negatividad, desde la muerte, desde la renuncia. Y curiosamente, en Jesús, es despojarse de todo desde la clave del amor. “ Tanto amó Dios al mundo que el entregó a su propio Hijo”.
No debemos desconectarla de la tarde del Jueves Santo. Toda la vida de Jesús ha sido entrega, llamada, propuesta, cercanía, salud, … sencillamente porque amó hasta las últimas consecuencias. La Cruz de Jesús es salvación porque amó; es honradez al proyecto de Dios que no debía traicionarse, aunque no fue ni entendido ni comprendido; es donación a la causa última de su propia vida.
Y así lo hemos vivido en la oración del Via Crucis por nuestras calles acompañando al crucificado, a la venerada imagen del Santo Cristo de la Pobreza, depositando estación tras estación, una oración y un compromiso por los crucificados de nuestros días que, injustamente, padecen en tantos maderos fabricados. Y nos invitan a la Caridad cristiana como una apuesta con los que sufren y padecen por la miseria, el paro, incluso el abandono; y crear fraternidad con los desprotegidos.
Así, admiremos la cruz como donación de amor y de entrega en aquellos que rompen las ánforas de sus vidas para vivir servicialmente con los demás: con los enfermos, con los niños desprotegidos, con los pobres que sufren por la injusticia de un mundo creado a la imagen de los poderosos, con los ancianos olvidados en los centros de mayores, con los que alivian la soledad de tantos cientos de personas, ….
Esta Cruz nos invita a ser voz de ellos y caminantes con ellos, para ofrecer la palabra y la ayuda en sus vidas necesitadas de dignidad. Adoremos la cruz del viernes santo y preguntémonos dónde y a quién he de besar y entregar mi vida.