LA TRISTEZA SE
TORNARÁ EN ALEGRÍA
Hace muchos años estaríamos celebrando hoy uno de esos
jueves que “brillan más que el sol, la solemnidad de la Ascensión”. La celebraremos
el próximo domingo. Seguramente nos veremos en las celebraciones de las
Hermanas con un aforo bastante pequeño y en las del templo parroquial con un
aforo grande y más espacio. Por cierto, nadie olvide sus mascarillas hoy en los
espacios públicos y cerrados; ¡por fin llegó la norma!; dos meses pidiéndola
los médicos y personal de la sanidad y ahora el Gobierno nos obliga a llevarlas.
¡Ya era hora! Aunque sea tarde, tenemos que hacer caso y usarlas. Es un medio
de barrera para que no se propague el virus.
El evangelio de hoy no es un jeroglífico para acertar, ni
un juego de palabras en labios de Jesús (Juan
16, 16-20). El Señor anuncia a sus discípulos su inminente partida y su
pronto retorno, que cambiara la tristeza de los suyos en alegría. Pero aquel
grupo no entiende de momento las palabras del Señor: “dentro de poco ya no me veréis”,
“y
dentro de otro poco me volveréis a ver”. No es fácil entender siempre
los planes de Dios, ni sobre ellos en aquel momento, ni sobre nosotros.
Llegan a expresarlo: "no entendemos de qué está
hablando". Tras el acontecimiento de la resurrección comenzarán a
entender que se refería a su muerte en la Cruz pasando por la entrega y por la
Pasión. Aprenderán a mirar con ojos de esperanza los dolores y contrariedades
de esta vida. Siempre habrá dificultades en nuestro camino, interrogantes a los
que buscamos respuestas, situaciones de debilidad, … pero contamos con la ayuda
de Dios que nos dará su Amor; y lo descubriremos en la infinidad de muestras de
este amor que tendremos en los gestos y acciones de las personas y en la misma
realidad.
“Vuestra tristeza se convertirá en alegría”: una alegría encontrada en la
fidelidad al Señor y a su proyecto de vida. Ser fieles a los grandes ideales,
ser fieles a la fe, ser fieles a las personas, … nos pueden provocar
enfrentamientos y malos entendidos, pero dan firmeza y coherencia en las
respuestas de la vida. Dan sentido de lo que se hace y al mismo tiempo producen
alegría en el corazón.
En estos momentos, cuando se ha ampliado el estado de
alarma otros quince días, y estamos en plena Fase 1, asaltados por el cansancio
y la oscuridad en decisiones gubernamentales; en palabras que hoy se dicen y
mañana se rectifican de golpe; con miedos a una posible propagación del virus y
tantísimas personas de la sanidad que han enfermado por entregarse a los demás
sin medios de protección adecuados; más miedo en empresas y puestos de trabajo
que se están esfumando de golpe; y un largo etcétera, … acudamos a la fe y a la
esperanza en las personas buenas de verdad y a Dios Padre. Y pidamos que nuestros miedos se
tornen en alegrías construidas entre todos.
Jesús siempre está con nosotros, aunque a veces, las
mismas dificultades nos impidan verlo con nitidez. Nunca nos ha dejado solos.
Toda tristeza que se pone en las manos del Señor se ve abrazada por el gozo de
la Resurrección y se llena de posibilidades para convertirse en alegría
desbordante.
Vamos a poner hoy en las manos del Señor nuestras
tristezas, nuestros desencantos e incomprensiones; ponemos las de todos los
hombres; y rezamos de corazón para que sean resucitadas en alegrías y en
posibilidades de encuentro con Dios y con los demás; que traigan a la vida
signos de felicidad y posibilidades para mejorar la calidad humana de las
personas y especialmente de los que más sufren.
¡Feliz jueves! Os deseo un día lleno de vida y de
esperanzas. ¡Ánimo, seamos responsables! Mis bendiciones y saludos a raudales, …

