viernes, 22 de mayo de 2020


TRANSFORMAR DESDE LA ALEGRÍA

Queridos feligreses y amigos:
Os deseo un feliz día. No soy adivino pero creo que el lunes pasaremos de fase en esta desescalada. Llegarán otras nuevas normas de vida, otros ritmos, pero van a seguir necesitando nuestra colaboración responsable, mantener distancias, uso de mascarillas en lugares públicos y cerrados; y cuidarnos unos a otros. También tendremos que seguir creciendo en paciencia, sobre todo cuando tenemos que hacer cola en la calle para poder entrar en nuestras tiendas. ¡Nos vamos acostumbrando!

Así y todo, salimos más de casa, pero seguimos notando que falta alegría en nuestra ciudad. Aún tenemos miedos y temores ante la situación que vivimos y no nos gustaría caminar hacia atrás. Recordamos muy especialmente a nuestros enfermos, los que nos han dejado, pérdida de ilusiones en mucha gente, proyectos de vida que se han parado de golpe, situaciones de dolor a las que hay que ponerle nombres y apellidos, y tantas otras realidades que luchan en nuestro interior y que nos han quitado la alegría.

Una parte de esta tristeza viene de antes, no de esta situación de enfermedad. Estábamos viviendo un ritmo de vida que nos sacaba de la presencia de los demás y nos metía en un círculo que sólo miraba por nuestro  bien individual. Esta tristeza, en estos momentos, se hace fuerte en los más débiles y en los que una parte de sus vidas que se ha quedado en el camino. Vamos a seguir necesitando procesos de conversión, tanto personal como social, para poner en el centro a las personas, el cuidado de la tierra, los más vulnerables, y los cercanos que nos necesitan.

Por el contrario, la alegría que nos pide y anuncia Jesús (Jn 16, 20-23) nos llama a percibir el nacimiento de algo nuevo en esta realidad dolida y que sufre. Va a ser como la semilla del sembrador de la parábola: pequeña, germinará silenciosa en la tierra, a su ritmo y con lentitud, cuidada y mimada por el sembrador, necesitada del agua y del clima propicio; casi sin percibirlo, irá creciendo y germinando. Tendremos que comprometer nuestra vida en esta alegría que tiene que ser cuidada para que de fruto. Vivimos en tiempo pascual y somos invitados a sembrar la alegría de la resurrección en medio de la tristeza de este mundo.  

"Vuestra tristeza se convertirá en alegría... se alegrará vuestro corazón y nadie os quitará vuestra alegría". Con Jesús nace y renace la alegría. No la vivimos solitariamente. Se comparte con los demás y se consigue aunando vidas, proyectos y sentimientos. La fe en Cristo Resucitado nos hace ser sembradores de esperanza en los gestos pequeños y cotidianos; más grandes aún cuando generan vida y oportunidades en quienes más lo necesitan.    

Tenemos que pedir estos días la docilidad al Espíritu Santo para poder transformar nuestro día a día en signos de alegría compartida. Todo puede brotar de la experiencia de sentirse amado por Dios donde la misma tristeza ya es vencida. Y con la presencia del resucitado vivir nuestras dificultades, que siempre existen, con serenidad y con fortaleza para no perder la calma y la paz. Pidamos fe para seguir creciendo y confiando en el Señor: “Permaneced en mí para que mi alegría este en vosotros”.

Hoy celebramos en nuestra diócesis la fiesta de San Atón, patrón de nuestro Seminario de Badajoz. Rezamos muy especialmente por las vocaciones al ministerio sacerdotal, por los seminaristas y sus formadores, y para que Dios llame, en nuestras comunidades parroquiales y en nuestras familias, a niños y jóvenes dispuestos a vivir la misión de formarse para ser sacerdotes que sirvan a la Iglesia y a este mundo.

¡Feliz viernes! Entramos en fin de semana. Seguramente nos veremos en las eucaristías del domingo. Recuerdo los horarios: sábado, 21.00 horas misa de vísperas en la Parroquia; domingo, 12,30 y 21.00 horas en la Parroquia y 10.00 horas en la Capilla conventual. Un fuerte abrazo interior, aún en espera del abrazo físico, …