En la catedral de Badajoz se ha celebrado hoy la misa Crismal, presidida por D. Santiago, nuestro arzobispo diocesano, y concelebrada por el presbiterio de las diversas zonas de nuestra diócesis. Se celebra en la Iglesia el jueves de la semana santa, pero por las dificultades pastorales de los sacerdotes, se puede adelantar al martes de la misma semana.
En esta misa se consagra el santo crisma, utilizado en la consagración de los sacramentos del bautismo, la confirmación y el orden sacerdotal, además de ser necesario en la consagración de un nuevo templo o un altar. Al mismo tiempo, el Obispo bendice el óleo de los catecúmenos y el óleo de los enfermos. Y los mismos óleos se llevan a todas las parroquias de la diócesis para la celebración de los mencionados sacramentos.
Y un momento importante de la celebración es la renovación de las promesas sacerdotales del presbiterio para vivir una vida más unida a Cristo, Cabeza y Pastor, y ser fieles a la misión y servicio en esta Iglesia y para este mundo.
Reconozco que es una celebración muy significativa en nuestra vida de sacerdotes por el valor que tiene la misma, ademas de poder concelebrar con tu Obispo y Pastor; entrañable por vivir con fe esta renovación sacerdotal; alegre, porque te encuentras con tus hermanos sacerdotes ya que muchos nos encontramos pocas veces en el año y compartes con ellos la celebración y las mismas inquietudes; y porque sales con fuerzas para seguir viviendo la misión a la que te enviaron y que la misma Iglesia te encomendó.
Desde aquí deseo invitaros a rezar por los sacerdotes. Nosotros también tenemos nuestras dificultades, inquietudes y proyectos, y muchas veces, en la vida sacerdotal se pasa por momentos de debilidad. Nos hace fuertes la unidad entre nosotros y teneros cerca de nuestras vidas. Estoy cada día más convencido de que si la Iglesia necesita sacerdotes, nosotros os necesitamos a vosotros que os encontráis en las comunidades parroquiales de nuestros pueblos y ciudades.
Y una petición, hecha por nuestro Obispo, muy necesaria en estos momentos de nuestra historia diocesana, que recéis al Padre para que traiga a nuestra Iglesia las vocaciones que tanta falta hacen, y que a nadie le falte ni el pan de la Palabra , ni el alimento de la Eucaristía. Que sigamos teniendo sacerdotes que, con ilusión y ánimo, vivan la vocación consagrada en nuestra realidad diaria, apasionante como siempre, pero seguramente frágil como nunca. ¡ Buen propósito para este triduo y toda la Pascua de resurrección!.

