Bello evangelio para este domingo cuarto del tiempo pascual. Se le conoce con el nombre del domingo del Buen Pastor. Y, por suerte, no es lejana la imagen que Jesús se da a sí mismo con nuestra cultura en esta realidad concreta. Casi todos tenemos experiencia de conocer de cerca la vida y la labor de los pastores con sus rebaños y las dificultades que atraviesan en un buen pastoreo: inclemencias del tiempo, búsqueda de pastos, horas de trabajo de sol a sol, caminatas largas por nuestros campos acompañando a las ovejas, cuidados de las parturientas y de los borregos recién nacidos, la época de la esquila, los “dornajos” preparados cuando llegan al redil, … y tantas y tantas faenas que, en muchas ocasiones, no se ven bien recompensadas, ni remuneradas, ante tanto esfuerzo y trabajo.
Hoy leemos en nuestras comunidades este pasaje del evangelio: Jesús es el Buen Pastor, va por delante de su rebaño, se le sigue porque se conoce su voz, conoce a los suyos y los suyos le conocen a él, cuida a las heridas y enfermas, está atento a cuanto pasa porque las acompaña, … y todo anunciado y expresado en un marco vital donde esta labor es muy conocida.
Podemos entresacar varias razones para nuestra vida en este tiempo de la Pascua :
1.- Saber, conocer y experimentar que Jesús es nuestro único pastor. Toda la labor de la Iglesia ha de ser presentarle directamente a Él porque su vida fue un claro reflejo de esta enseñanza: acompañó a los suyos y les mostró el sendero del Reinado de Dios; les animó con su palabra y con su estilo de vida; vivió la compasión con los más débiles y necesitados; alimentaba al rebaño que le seguía con la palabra y con los signos de la vida añadiendo siempre buenos pastos para devolver la felicidad y la fe perdida; se dejó la vida porque amaba de verdad y de corazón. La Iglesia , todos nosotros, podemos ser buen pastor, pero transformando nuestra vida y nuestra experiencia creyente desde este buen y único Pastor.
2.- La misma labor pastoral de cada día de nuestras comunidades desde Él. Conocer más y mejor, para servir y amar más y mejor. La Parroquia evangeliza cuando conoce por el nombre a la persona, cuando conoce toda su historia personal, cuando no es un extraño, … y en la persona es invitada a vivir la escucha, la compasión, a formar parte del “mismo rebaño” y de esta humanidad; la entrega en la tarea y la misión, que es de todos los bautizados, y el protagonismo de los demás, especialmente de los laicos, desechando cualquier borreguismo ciego, y dando prioridad siempre al mismo Evangelio que nos hace vivir la unidad en la diferencia.
3.- Seguirle de verdad a Él porque camina con nosotros y nos lleva hasta Galilea, hasta el lago de Tiberiades, hasta su Palabra y su Pan – Vida – entregada y compartida. Él es la puerta para encontrarse con el Padre, para reencontrarse con los demás. Él es la Palabra que nos orienta en medio de tantos caminos y senderos a seguir sus huellas porque camina por delante. El verdadero seguimiento lleva a la experiencia de la confianza y de la fe. Tenemos que atender más y dedicarle más tiempo a su Palabra, escucharle mejor en medio del ruido de nuestras comodidades y gustos personales, tenemos que comprometer nuestras actitudes y valores desde su estilo de vida concreto; … y seremos conocidos y respetados en medio de este mundo, aunque siempre desde la misma fragilidad, cuando nos amemos de verdad, y respetemos el proceso de vida y de fe de las demás personas. Él propone su voz, no la impone; llama pero no ensordece; invita pero no manipula; anima pero jamás obliga. En esta labor del Buen Pastor debemos construir la labor de la misma parroquia o de la misma Iglesia.
Por cierto, este domingo también conmemoramos la figura de San Isidro Labrador y hay fiesta en muchos de nuestros pueblos. Él siguió al buen pastor en el trabajo diario viviendo la fe y compartiéndola con los demás, además de compartir los bienes con los más pobres y necesitados. Se le atribuye la frase de “ para ir a misa y dar cebada, nunca se perdió una jornada”. Queridos agricultores, buena máxima para la vida cristiana. No cambiemos a San Isidro solamente por el sindicato, la carpeta azul de los PAC, o por las famosas subvenciones, … y acudamos a él cuando no llueve o en el baile y caldereta de este día. Aprendamos a celebrar la fe como él la celebró y vivirla con la comunidad, cuando no existía ni la subvención, ni el PER, ni la famosa carpeta azul, … aunque reconozco que eran otros tiempos.


