Adentrados en este mes de mayo llegan las celebraciones de las primeras comuniones en nuestra comunidad parroquial. Los niños están muy cerca de recibir el sacramento de la Eucaristía y domingo tras domingo se acercan a ella.
Parece como si al final del curso académico estos niños llegaran a la meta en el trayecto formativo que han recibido en la Parroquia. ¡ Y no es así! Deberíamos comprender que es un inicio nuevo. Se acercan por primera vez y la misma comunidad e Iglesia debe acompañarlos e invitarlos para que domingo, tras domingo, continúen celebrándola con los demás.
Esta tarea es de todos: de los padres, abuelos, educadores cristianos, sacerdotes, catequistas, … y cómo no, de toda la comunidad reunida y convocada por “el mismo Señor” que quiere hacer historia de Vida en nuestro andar cotidiano.
La alegría, la sonrisa, incluso la espontaneidad de estos niños debe hacernos pensar que nuestras celebraciones comunitarias deberían llenarse de estos mismos valores. Somos muy ritualistas a la hora de celebrar, y cuando decimos celebrar nos referimos a celebrar bien y comunitariamente. La celebración no es espontaneidad, ni moda reciente, … pero hay que llenarla de vida, y con la presencia de los signos que acompañan nuestro ser. El pan y el vino, signos de Jesucristo, actualizan toda la vida del Señor que sigue entregándose y ofreciéndose por nosotros, y en ellos también nos ofrecemos nosotros al Padre y al proyecto del Reino. ¡ Aquí está la novedad, y siempre es nueva la misma celebración, porque junto a Él y con Él, estamos nosotros! Próximamente también celebraremos el sacramento de la Confirmación de otro grupo de chavales más jóvenes.
Me gustaría agradecer las horas y horas de dedicación de nuestros catequistas que caminan y acompañan a los niños en este proceso de catequesis. Ellos saben mejor que nadie lo importante de la tarea que les encomienda la Iglesia. Conocen a todos los niños “por su nombre”; en ellos, reconocen la apertura al saber, la alegría del celebrar, y la espontaneidad propia de la edad. Quieren a estos niños y ellos los respetan y aprecian. Hacen evangelio en sus vidas al recrear la frase de que “lo recibido gratis hay que entregarlo gratis”. Por eso la Iglesia es servicial y corresponsable en la acción y en la celebración.
Y en este grupo de catequistas, deseo abrir el agradecimiento a todos los demás animadores y educadores en la fe de nuestra comunidad parroquial: los demás catequistas en cualquiera de los procesos de formación y acompañamiento; a todos los demás agentes de pastoral y miembros de las otras dimensiones celebrativas o de caridad que gastan su tiempo a favor de todos. Y a los anónimos que prestan un servicio siempre cercano para que el templo, Casa de la Iglesia , … siempre estén preparados para acoger y servir, desinteresada y gratuitamente, a los que nos encontramos, formamos, y celebramos en ellos.
Este mes de mayo y el próximo mes de junio no es la meta del trayecto, … es llamada a seguir juntos en la marcha. Nos quedan muchos acontecimientos que vivir en estas fechas y siempre la Iglesia nos llamará con la pregunta de las Jornadas Mundiales de la Juventud : ¿ Te sumas o te restas? Que la experiencia sea seguir sumando, y no por nosotros, sino por el Reino de Dios que es quien nos convoca a todos en una misma misión.