“Hay diversidad de dones, pero un mismo Espíritu; hay diversidad de ministerios, pero un mismo Señor; y hay diversidad de funciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos. En cada uno se manifiesta el Espíritu para el bien común.” ( 1 Cor 12, 4 )
La tarde de ayer anticipábamos en nuestra ciudad de Villanueva de la Serena la celebración del Espíritu Santo porque más de sesenta chavales de nuestras tres comunidades parroquiales recibían el sacramento de la Confirmación. Nos acompañaba en la celebración D. Santiago, nuestro arzobispo diocesano, y concelebrábamos la eucaristía con él los sacerdotes de la ciudad.
Estos chavales han estado preparándose en los grupos parroquiales durante tres años acompañados por sus catequistas. La experiencia de este tiempo es bien valorada por ellos y la celebración de este día, acompañada por los nervios propios de sus edades, ha sido significativa en sus vidas.
Pero este acontecimiento debe invitarnos a todos, familias, sacerdotes, catequistas, para realizar una reflexión en el corazón de nuestra Iglesia. Necesitamos creer que ellos son necesarios y hay que seguir acompañándolos para que crezcan como personas y cristianos en medio de nuestra sociedad. El futuro de la Iglesia y por supuesto de la misma evangelización de los ambientes pasa obligatoriamente por ellos. Deben ser atendidos, conocidos y comprendidos, … y cómo no, escuchados. Han cambiado los tiempos, las formas, los estilos de vida, … y esta realidad ha de ser aceptada y comprendida. Hablamos muchas veces de que el futuro de la sociedad y de la Iglesia está en sus manos, pero pocas veces dejamos el futuro en sus manos, y queremos “dirigirlos” para que sean algo así como clones de lo que los demás queremos, añoramos o no fuimos capaces de construir. Ellos no pueden ser sólo depositarios, han de ser auténticos protagonistas de sus historias personales, eclesiales y sociales. Podemos aportarles un acompañamiento serio y responsable, aunque esto exige estar a su altura, y ser capaces de escuchar y reflexionar con ellos, … nunca para ellos.
Desde esta comunidad parroquial queremos felicitarles por el recorrido realizado, y el regalo del Espíritu recibido. Nos queda aún mucho por seguir compartiendo juntos y renovar la ilusión y la esperanza en este año de los jóvenes. Disfrutamos y celebramos bien la presencia de la Cruz del Papa en nuestra ciudad con ellos, y nos quedan los días centrales del mes de agosto para volver a revitalizar nuestra fe con los demás jóvenes que nos acompañen de otros países. Es más, algunos de ellos participarán de la presencia del Papa Benedicto XVI en Madrid. Que todo sea por su crecimiento cristiano y que el Espíritu derrame abundantemente los dones en sus vidas.
Pero es necesario agradecer la tarea y la labor de los catequistas de estos grupos. Ellos son los voluntarios parroquiales que se ponen a su servicio y realizan esta tarea de educar y acompañar su fe. Muchas gracias a Magdalena, Teresa y Pepe por su entrega y dedicación; y en ellos a todos los agentes de pastoral de nuestra comunidad parroquial.
Que este domingo de Pentecostés sigamos orando comunitariamente para que el Espíritu continúe derramando sus dones en nuestra comunidad y en nuestras vidas.