EL CAMINO DE LA COMPASIÓN
Pero este texto es más bello cuando te paras en los
verbos del relato. El sujeto es Dios y el predicado somos nosotros. La acción
la marcan estos verbos de gratuidad infinita: da, reserva, protege, cuida; … y
el efecto que producen en la persona: atesoras, llamas, pides, buscas, comprendes
y encuentras.

Porque Proverbios nos puede llevar de la mano para
encontrarnos con Jesús, Buena Noticia, y Samaritano en medio de la realidad. Él
nos invita a no pasar de largo, a no hacer oídos sordos, ciegos ante ciertas
cunetas o caminos a nuestro alrededor, … a tantas víctimas con nombres y anónimas
que se encuentran despreciados, robados, golpeados, en tantos caminos, …
olvidados al fin y al cabo. Y a mirar en este buen samaritano a los muchos
voluntarios que se dejan sus vidas en la defensa de la equidad y de la
justicia, es decir, en la defensa de la dignidad de cualquier ser humano.
¿No creemos en una tierra nueva y en un mundo nuevo? Pues
este puede brotar del mismo evangelio cuando tengamos una capacidad nueva para
mirar, unos oídos más atentos para escuchar, y una lectura creyente más
acertada cuando nazca del estilo y de la vida de Jesús. La mirada de la Compasión que es la
mirada de Dios, … la mirada del Encuentro que es la mirada de Jesús, … y la
mirada de la Escucha
de la Realidad
y la Ofrenda
del aceite y del vino de la sanación y de la esperanza que ha de ser la mirada
de cada uno de nosotros.
El
Buen Samaritano de la parábola conoció profundamente la Palabra de Proverbios y así
en su vida fue verdad esta misma Palabra: comprendió la justicia y el derecho,
la equidad y todo buen camino. Una gran enseñanza para nosotros y para la
humanidad, … no hagamos oídos sordos, …
