“LA TIENDA DEL ENCUENTRO”
En muchas
ocasiones hemos decidido el lugar en el que Dios debe estar y en qué lugares o
espacios no está, ni estará nunca. Así somos las personas. Pero resulta que el
Dios de Jesucristo suele sorprendernos y dejarse encontrar por aquellos que le
buscan en medio de la vida.
Así lo hemos
podido comprobar esta mañana en la residencia de mayores “Felipe Trigo” de Villanueva
de la Serena
celebrando la eucaristía con ellos. Doña Carmen abría la celebración con un
cuadro realizado con trocitos de tela en el que leíamos “feliz navidad”. Un
cuadro hecho con mimo, con buen gusto y con una delicadeza sorprendente. Y el
altar se fue llenando de vida, … sus arbolitos de navidad, sus felicitaciones
navideñas, un niño Jesús pequeño y en pañales, … y en estas ofrendas estaban
sus vidas: con sus alegrías y también sus tristezas, … con sus soledades o como
decía Antonio: “aquí, con mis dolores, aunque no quiero hacerles caso”. Ellos
han leído sus peticiones, y en sus rostros había vida, mucha vida, … y también
esperanzas. Y nos preguntamos, … ¿Dios está aquí? ¡ Por supuesto que sí! En el
templo sagrado de sus corazones y de sus historias personales, … nunca
abandonados, ellos siempre son amados por Dios, por sus familias y por sus
cuidadores y, por aquellos que aparecemos, de vez en cuando, por este hogar
habitado.
En ella hay
un personaje (- permitidme esta libertad-) que me quiere de verdad. Pero a mí y
a quien esté cerca de él. En su rostro, las arrugas de los achaques de la vida;
pero siempre una sonrisa. Es un caminante inquieto. Busca un café con la mirada
y lo pide sabiendo que nunca se lo vas a negar. Y pide un cigarro - ¡ y no debe
fumar !- con un gesto o un encogerse de hombros. Hoy me decía que la vida es
muy dura, pero que él quiere estar contento. ¡Y yo lo creo!. Su vida no ha sido
fácil, pero regala sonrisas y saludos constantemente. Y Dios también nos habla
en él; y en su risa y saludo te dejas saludar por el Dios que te sonríe. Cuando
la banda de Nuestro Padre Jesús Nazareno comenzó a tocar un pasodoble él hace
lo mejor que sabe, bailar; eso sí, a su ritmo, y contagiando alegría en los que
le rodeábamos.
Este último
domingo de adviento nos dice que Dios es fuerza de amor; que Él construye nuestra
historia y viene a nosotros, a nuestra vida, sin ruidos, sin jaleos, como lo
hizo en la Virgen María.
Mientras que David quería construir un gran templo para Dios y así lo encarga
hacer, Dios decide poner su morada en la pequeña ciudad de Nazareth. A Dios le
decían que tenía que estar en Jerusalén y Él acaba haciendo morada en las
entrañas de una mujer sencilla en un pequeño pueblo, desconocido, en la región
de Galilea. Y María se llena de Dios, se hace “tienda del encuentro” y alumbra
para siempre y por siempre al Hijo. Hoy se hace muy presente entre los mayores
de esta residencia.
Dios nos dice
que se encuentra en medio de la vida; en el espacio donde las personas viven,
trabajan, se alegran, sufren; es un Dios que no se encierra en un templo
hermoso, sino que pone su morada entre nosotros. ¡Viene en su Hijo para compartir
nuestra vida!
Hemos
terminado la jornada con la Vigilia de oración de la Adoración Nocturna.
Se quedó para siempre en cada persona, en cada momento, en cada acontecimiento
y en todo tiempo y lugar porque en su Hijo asumió completamente nuestra
humanidad. Nos acercamos a la
Eucaristía y nos llenamos de Él. Que en este tiempo de
Navidad, a punto de estrenarla, adornemos nuestra vida con la fidelidad, el
deseo de encontrarnos con Él, y seamos portadores de alegría y de mucha
esperanza.