sábado, 23 de diciembre de 2017

LA TIENDA DEL ENCUENTRO”

En muchas ocasiones hemos decidido el lugar en el que Dios debe estar y en qué lugares o espacios no está, ni estará nunca. Así somos las personas. Pero resulta que el Dios de Jesucristo suele sorprendernos y dejarse encontrar por aquellos que le buscan en medio de la vida.

Así lo hemos podido comprobar esta mañana en la residencia de mayores “Felipe Trigo” de Villanueva de la Serena celebrando la eucaristía con ellos. Doña Carmen abría la celebración con un cuadro realizado con trocitos de tela en el que leíamos “feliz navidad”. Un cuadro hecho con mimo, con buen gusto y con una delicadeza sorprendente. Y el altar se fue llenando de vida, … sus arbolitos de navidad, sus felicitaciones navideñas, un niño Jesús pequeño y en pañales, … y en estas ofrendas estaban sus vidas: con sus alegrías y también sus tristezas, … con sus soledades o como decía Antonio: “aquí, con mis dolores, aunque no quiero hacerles caso”. Ellos han leído sus peticiones, y en sus rostros había vida, mucha vida, … y también esperanzas. Y nos preguntamos, … ¿Dios está aquí? ¡ Por supuesto que sí! En el templo sagrado de sus corazones y de sus historias personales, … nunca abandonados, ellos siempre son amados por Dios, por sus familias y por sus cuidadores y, por aquellos que aparecemos, de vez en cuando, por este hogar habitado.

En ella hay un personaje (- permitidme esta libertad-) que me quiere de verdad. Pero a mí y a quien esté cerca de él. En su rostro, las arrugas de los achaques de la vida; pero siempre una sonrisa. Es un caminante inquieto. Busca un café con la mirada y lo pide sabiendo que nunca se lo vas a negar. Y pide un cigarro - ¡ y no debe fumar !- con un gesto o un encogerse de hombros. Hoy me decía que la vida es muy dura, pero que él quiere estar contento. ¡Y yo lo creo!. Su vida no ha sido fácil, pero regala sonrisas y saludos constantemente. Y Dios también nos habla en él; y en su risa y saludo te dejas saludar por el Dios que te sonríe. Cuando la banda de Nuestro Padre Jesús Nazareno comenzó a tocar un pasodoble él hace lo mejor que sabe, bailar; eso sí, a su ritmo, y contagiando alegría en los que le rodeábamos.

Este último domingo de adviento nos dice que Dios es fuerza de amor; que Él construye nuestra historia y viene a nosotros, a nuestra vida, sin ruidos, sin jaleos, como lo hizo en la Virgen María. Mientras que David quería construir un gran templo para Dios y así lo encarga hacer, Dios decide poner su morada en la pequeña ciudad de Nazareth. A Dios le decían que tenía que estar en Jerusalén y Él acaba haciendo morada en las entrañas de una mujer sencilla en un pequeño pueblo, desconocido, en la región de Galilea. Y María se llena de Dios, se hace “tienda del encuentro” y alumbra para siempre y por siempre al Hijo. Hoy se hace muy presente entre los mayores de esta residencia.


Dios nos dice que se encuentra en medio de la vida; en el espacio donde las personas viven, trabajan, se alegran, sufren; es un Dios que no se encierra en un templo hermoso, sino que pone su morada entre nosotros. ¡Viene en su Hijo para compartir nuestra vida!
Hemos terminado la jornada con  la Vigilia de oración de la Adoración Nocturna. Se quedó para siempre en cada persona, en cada momento, en cada acontecimiento y en todo tiempo y lugar porque en su Hijo asumió completamente nuestra humanidad. Nos acercamos a la Eucaristía y nos llenamos de Él. Que en este tiempo de Navidad, a punto de estrenarla, adornemos nuestra vida con la fidelidad, el deseo de encontrarnos con Él, y seamos portadores de alegría y de mucha esperanza.