domingo, 24 de diciembre de 2017

SE LLAMA JESÚS Y NACE EN TÍ

Me gusta vivir con mucha paz esta noche. Es cierto que no es una noche cualquiera porque me trae tantos y tantos hechos vividos con mi familia, en mi pueblo, en las parroquias en las que he estado destinado, aquí en Villanueva de la Serena. Y me puedo quedar mucho tiempo agradeciendo todo lo que he vivido y con las personas con las que compartía la mesa de nochebuena y la celebración de la Eucaristía a las doce de la noche.

Para mí la Navidad tiene un sabor especial, lo reconozco, pero me encanta cada día más la sencillez y la normalidad en estas fechas. Es verdad que el whatsapp no ha parado con tantas y tantas felicitaciones - y lo agradezco – pero me estoy acostumbrando a retirarme y cuidar un poco más mi interioridad para adentrarme en el misterio de la Navidad.

Creo que con tanta fiesta, tanta cena, tanta música y excesivamente alta, tanto ir y venir, perdemos la razón de ser de este día tan importante. Es verdad que hay que cuidar a la familia y a los amigos en este día –  ojala siempre - , y compartir con ellos todo el tiempo que se pueda, pero es necesario pararse y saber contemplar el paso de Dios por nuestra vida.

En estos días me he parado mucho en los personajes del Adviento: la invitación de Juan el Bautista a preparar la llegada de Jesús; la sencillez de María y su respuesta agradecida y valiente al Dios de la vida; Nazareth como espacio desconocido y alejado. Qué importante es descubrir a Dios en esta historia de encarnación, de donación, de elección, de anonimato, de vida abundante, …

En este día de Nochebuena, en el que ya he celebrado la Eucaristía de Vísperas de Navidad con la Comunidad de las Hermanas Concepcionistas, he podido escuchar las palabras del Evangelio de san Lucas y me paro para contemplar, desde la vida de estas queridas hermanas, los personajes de esta familia que puso sus pies en Belén. José es un hombre que acompaña en toda situación a María, sin quejas ni miradas atrás; es el que acepta lo que no abarca en su conocimiento pero lo recrea en su fe; es humilde de palabra pero fuerte en amor para aceptar a un Dios tan distinto del que le habían enseñado y al que habría rezado en tantas ocasiones.

María es única: madre valiente que sabe servir para ponerse encamino. No la para ni el cercano parto de su Hijo; acepta todo cuanto Dios le ha pedido ofreciendo lo mejor de sí misma; sabe cantar las maravillas que Dios ha hecho en ella y es agradecida. Y en Jesús recibimos la encarnación del Hijo, carne de nuestra carne, tiempo de nuestro tiempo; es pequeño, tierno, débil, indefenso, … pero genera ternura, acogida, vida, amor, …

Y ya he cenado en la tranquilidad de esta noche, acompañado como siempre por mis padres. Una cena muy sencillita, pero para mí con mucho valor y profundamente agradecido por tenerlos a ellos a mi lado. Ellos aceptan de buen agrado que Nochebuena es para la comunidad parroquial de destino desde hace casi veinticinco años; y nochevieja – si Dios quiere – será, con ellos también, para mi hermano, sobrinos y demás familia.

Les decía a los niños en catequesis que nuestro belén parroquial no tiene estrella porque la estrella tenemos que ser cada uno de nosotros cuando nos encontremos viviendo con profundidad esta noche de Navidad. Miramos a Dios cara a cara en la ternura de un recién nacido que se deja abrazar y besar. En este niño Jesús besamos la humanidad redimida por el amor del recién nacido. Se llama Jesús, Dios con nosotros, ¡contemplemos esta buena noticia en nuestro interior! Si le descubrimos nos convertimos en estrella que orienta y pastores que anuncian y adoran al Dios de la Vida.


Feliz Nochebuena; feliz Navidad.