¡ TÚ ERES EL ALFARERO!
Comenzamos hoy el adviento en la Iglesia ; parece que venía
anticipado desde la noche de ayer, porque vivíamos un momento importante en la vida de
nuestra ciudad y seguramente en otras muchas localidades: el encendido de la
iluminación y la decoración navideña que llenó nuestras calles de muchísima
presencia de niños con sus padres y abuelos. Estas luces anuncian que se
acercan fechas muy importantes en el calendario, aunque como es lógico cada uno
las vivirá desde opciones diferentes.
Pero hoy hemos comenzado este tiempo de Adviento,
ante el que podemos tener dos actitudes bien diferenciadas: vivirlo como un
tiempo de espera desde la pasividad, aceptando que es un tiempo repetitivo y
que, de una forma o de otra, nos va a llevar a la Navidad ; o vivir este
tiempo desde una espera activa, comprometida, que nos invita a mirar y mirarnos
en el espejo de la fe y de la esperanza, leyendo y descubriendo qué pasa a
nuestro alrededor y los signos de vida de este Dios que se acerca a nosotros.
Porque en el Adviento Dios promete su presencia y
se compromete con nuestras vidas; un Dios que implica a la persona y se
complica con cada uno de nosotros.
Pero llegarán los días del adviento con su carga
de rutina cotidiana, la monotonía de cada día, en el que sentimos que estamos
casi igual que el año pasado, con problemas idénticos o parecidos, con
realidades similares a las de otros días, y nos preguntaremos: ¿ Cómo vivir
este tiempo de adviento de forma activa y esperanzada?
El profeta Isaías nos da una clave importante: El
pueblo de Israel en la cotidianidad se había casi olvidado de Dios; no había
mantenido la fidelidad a la
Alianza , contagiando su fe y perdiendo la esperanza alejándose
de Dios. Ellos reconocieron su ausencia de la voluntad de Dios y humildemente
se arrepintieron de esta actitud deseando una conversión sincera. Así lo
manifiesta el profeta en sus palabras: “Tú
eres nuestro Padre, nosotros la arcilla y tú el alfarero; somos obra de tus
manos” (Is 64, 7)
Por eso, el Adviento nos llama a obrar desde
Dios, desde su gracia, implicando nuestra vida en una misión: vigilantes ante
cuanto acontece a nuestro alrededor, en lo cotidiano, en lo diario y observar los
signos de esta llegada del niño-Dios, esperanza para todos: abrir los ojos para
ofrecer palabras a quien está solo; calentar el corazón del que sufre con una
presencia cercana, ofrecer el abrazo a quien está abatido; hacer tuyas las
dificultades de quien te rodea; ofrecer paz y ser persona de paz ante tanta
realidad enfrentada; rezar con un corazón decidido para escuchar a Dios;
celebrar bien la eucaristía escuchando con humildad la Palabra de Dios; ser
generosos con quienes más lo necesitan y ofrecer algún gesto solidario, …. Tantas
y tantas realidades necesitan la presencia del Dios cercano y de la Vida en tu presencia ante
quien lo necesita. En el fondo es ser luz y color ante realidades en penumbra y
muy grises.
Adviento es vigilar, esperar y ser activos para
el encuentro con el Dios de la esperanza en lo cotidiano; fiarnos de su
voluntad y ser barro en las manos del alfero.


