miércoles, 18 de marzo de 2020


HE VENIDO A DAR PLENITUD
Mis queridos feligreses y amigos:
Espero que os encontréis bien. Al ver hoy los medios de comunicación dan miedo los números de los contagiados del virus y las muertes que está ocasionando. Dan miedo porque nos afectan a todos y, desde las entrañas de compasión de cada uno de nosotros, traemos a la memoria a todos ellos; a las personas que en la sanidad se están dejando la piel y a los trabajadores que siguen con sus tareas para que no nos falte lo necesario para vivir. Por eso hay que obedecer las normas establecidas.

En la liturgia de hoy nos dice el libro del Deuteronomio: “Escucha los mandatos y decretos que yo os mando cumplir para que los cumpláis en la tierra …(…) ellos son vuestra sabiduría y vuestra inteligencia. Y guárdate de olvidar los sucesos que vieron tus ojos, que no se aparten de tu memoria mientras vivas; cuéntaselos a tus hijos y nietos” Dt 4, 5-9. El pueblo elegido recibía estas palabras como un regalo de Dios que había hecho Alianza con ellos para hacer memoria constante de los mandatos y así enseñarlos a las generaciones venideras.

La actitud de hoy, ante esta crisis de salud, nos ha de llevar a la misma conclusión: guardar y cumplir lo que nos piden con el ejercicio de no olvidar en un futuro reciente. Nos jugamos mucho porque nos está afectando a cada ciudadano y al mundo entero. Aunque, a su vez, no hay que quedarse sólo en la letra sino en la importancia de querer vivirla en integridad y en cada tiempo concreto. Tendremos que aprender de lo que está ocurriendo. Los tiempos cambian, las sociedades también, las normas, las circunstancias, … cambiamos nuestra forma de vivir y de pensar, de estar y de actuar. Las normas también han de estar al servicio de estos cambios para vivirlos con sentido e impregnarlas de sabiduría y de inteligencia. Por eso Jesús hoy nos pone alerta: “No he venido a abolir la Ley y los profetas: no he venido a abolir sino a dar plenitud” Mt 5,17-19

Y nos podemos preguntar: ¿ Cómo dar plenitud hoy a las normas y a los decretos?

Creo que en primer lugar siendo creativos desde nuestros hogares. Saber crecer en paciencia y en respeto con los que están 24 horas a nuestro lado. Una creatividad que nos ha de llevar a cuidar este tiempo para crecer en el ser familiar, dialogar con los que tenemos cerca, llamar a los que no están con nosotros; somos frágiles y así nos sentimos y a su vez, nos necesitamos; en este tiempo de “clausura” disfruta de los niños porque, seguramente, nunca has estado tanto tiempo seguido con ellos, y si no tienes a tus hijos o padres cerca desearías tenerlos a tu lado para abrazarlos, …. Aprendamos con creatividad a querer y a saber estar con los demás.

A su vez, los cristianos también tenemos que aprender a desterrar lo antiguo del contenido de las normas que han quedado vacías y llenarlas del contenido nuevo del evangelio. Es decir, situar a Jesús en el centro de la vida y de la fe. No es un añadido. Él es el Señor y sus palabras están llenas de vida y una vida abundante. Aprendamos en esta Cuaresma, tan diferente a otras, que no hay que quedarse en observancias vacías ni en ritos desnudos. Hay que llenarlos del amor a Dios y al prójimo. Y nuestras celebraciones, oraciones, liturgias, enseñanzas, … deben acercarnos al encuentro profundo con el amor de Dios y de los hermanos, sin construir ritos a nuestra imagen y semejanza.

Otra llamada: me llegan palabras de personas que trabajan en la sanidad que, además de poner todos los medios a su alcance en su trabajo, están poniendo alma en cada palabra y en cada gesto y se sienten desbordados; también con miedo porque tienen a sus familias en casa. Nos piden que les ayudemos haciéndoles caso pero que seamos críticos ante esta situación porque están trabajando con muy poca protección y muchos se están contagiando. Esta realidad nueva llamará a las puertas de los dirigentes para aprender a programar bien estas posibles situaciones de cara al futuro y mantenerse siempre alerta.    

El Papa Francisco llama a la humanidad a cuidar la tierra que es la casa común de todos; nos llama a una ecología integral que pone el centro de toda actuación en lo creado y en la persona. Llamados a concienciarnos en cuidar la tierra en todas sus dimensiones y relaciones: cultura, investigación, relaciones sociales, economía, medio ambiente, poblaciones, migraciones, contaminación … estamos ante un cambio muy serio en la forma de ser, de entender y de vivir en este mundo. “Dar plenitud de vida a todo lo creado” para vivir en plenitud.

Y junto a la crisis de salud ha llegado una dura crisis económica. Ayer se anunciaba una gran batería de propuestas económicas para amortiguar sus efectos. Pero esto no va a ser suficiente. Estos días nos van a a enseñar que la solidaridad no es flor de un día y que tendremos que apostar por lo social y lo comunitario poniendo de nuevo en el centro a las personas. Hoy vivimos con menos y nos estamos dando cuenta que no hacen falta muchas cosas para vivir tranquilos y bien. Aprenderemos a dar importancia a las personas, a vivir la bondad y la verdad, a compartir con los que nos necesitan, … vendrá un tiempo que, con entrañas de humanidad, podrá sacar lo mejor de cada uno de nosotros.

Que este día nos ayude a reflexionar; no caigamos en la queja, y miremos tanto el presente como el futuro con esperanza.

Recibid un fuerte abrazo, todavía simbólico, pero llegará el día de abrazarnos de verdad.