HE
VENIDO A DAR PLENITUD
Mis queridos feligreses y amigos:
Espero que os encontréis bien. Al ver hoy los medios de
comunicación dan miedo los números de los contagiados del virus y las muertes
que está ocasionando. Dan miedo porque nos afectan a todos y, desde las
entrañas de compasión de cada uno de nosotros, traemos a la memoria a todos
ellos; a las personas que en la sanidad se están dejando la piel y a los
trabajadores que siguen con sus tareas para que no nos falte lo necesario para
vivir. Por eso hay que obedecer las normas establecidas.
En la liturgia de hoy nos dice el libro del Deuteronomio:
“Escucha
los mandatos y decretos que yo os mando cumplir para que los cumpláis en la
tierra …(…) ellos son vuestra sabiduría y vuestra inteligencia. Y guárdate de
olvidar los sucesos que vieron tus ojos, que no se aparten de tu memoria
mientras vivas; cuéntaselos a tus hijos y nietos” Dt 4, 5-9. El
pueblo elegido recibía estas palabras como un regalo de Dios que había hecho
Alianza con ellos para hacer memoria constante de los mandatos y así enseñarlos
a las generaciones venideras.
La actitud de hoy, ante esta crisis de salud, nos ha de
llevar a la misma conclusión: guardar y cumplir lo que nos piden con el
ejercicio de no olvidar en un futuro reciente. Nos jugamos mucho porque nos
está afectando a cada ciudadano y al mundo entero. Aunque, a su vez, no hay que
quedarse sólo en la letra sino en la importancia de querer vivirla en
integridad y en cada tiempo concreto. Tendremos que aprender de lo que está
ocurriendo. Los tiempos cambian, las sociedades también, las normas, las
circunstancias, … cambiamos nuestra forma de vivir y de pensar, de estar y de
actuar. Las normas también han de estar al servicio de estos cambios para
vivirlos con sentido e impregnarlas de sabiduría y de inteligencia. Por eso
Jesús hoy nos pone alerta: “No he venido a abolir la Ley y los
profetas: no he venido a abolir sino a dar plenitud” Mt 5,17-19
Y nos podemos preguntar: ¿ Cómo dar plenitud hoy a las normas y a los decretos?
Creo que en primer lugar siendo creativos desde nuestros
hogares. Saber crecer en paciencia y en respeto con los que están 24 horas a
nuestro lado. Una creatividad que nos ha de llevar a cuidar este tiempo para
crecer en el ser familiar, dialogar con los que tenemos cerca, llamar a los que
no están con nosotros; somos frágiles y así nos sentimos y a su vez, nos
necesitamos; en este tiempo de “clausura” disfruta de los niños porque,
seguramente, nunca has estado tanto tiempo seguido con ellos, y si no tienes a
tus hijos o padres cerca desearías tenerlos a tu lado para abrazarlos, ….
Aprendamos con creatividad a querer y a saber estar con los demás.
A su vez, los cristianos también tenemos que aprender a desterrar
lo antiguo del contenido de las normas que han quedado vacías y llenarlas del
contenido nuevo del evangelio. Es decir, situar a Jesús en el centro de la vida
y de la fe. No es un añadido. Él es el Señor y sus palabras están llenas de
vida y una vida abundante. Aprendamos en esta Cuaresma, tan diferente a otras,
que no hay que quedarse en observancias vacías ni en ritos desnudos. Hay que
llenarlos del amor a Dios y al prójimo. Y nuestras celebraciones, oraciones,
liturgias, enseñanzas, … deben acercarnos al encuentro profundo con el amor de
Dios y de los hermanos, sin construir ritos a nuestra imagen y semejanza.
Otra llamada: me llegan palabras de personas que trabajan en la sanidad
que, además de poner todos los medios a su alcance en su trabajo, están
poniendo alma en cada palabra y en cada gesto y se sienten desbordados; también con miedo porque tienen a sus familias en casa. Nos piden que les
ayudemos haciéndoles caso pero que seamos críticos ante esta situación
porque están trabajando con muy poca protección y muchos se están contagiando. Esta
realidad nueva llamará a las puertas de los dirigentes para aprender a programar
bien estas posibles situaciones de cara al futuro y mantenerse siempre alerta.
El Papa Francisco llama a la humanidad a cuidar la tierra
que es la casa común de todos; nos llama a una ecología integral que pone el
centro de toda actuación en lo creado y en la persona. Llamados a
concienciarnos en cuidar la tierra en todas sus dimensiones y relaciones:
cultura, investigación, relaciones sociales, economía, medio ambiente,
poblaciones, migraciones, contaminación … estamos ante un cambio muy serio en
la forma de ser, de entender y de vivir en este mundo. “Dar plenitud de vida a
todo lo creado” para vivir en plenitud.
Y junto a la crisis de salud ha llegado una dura crisis
económica. Ayer se anunciaba una gran batería de propuestas económicas para
amortiguar sus efectos. Pero esto no va a ser suficiente. Estos días nos van a a
enseñar que la solidaridad no es flor de un día y que tendremos que apostar por
lo social y lo comunitario poniendo de nuevo en el centro a las personas. Hoy
vivimos con menos y nos estamos dando cuenta que no hacen falta muchas cosas
para vivir tranquilos y bien. Aprenderemos a dar importancia a las personas, a
vivir la bondad y la verdad, a compartir con los que nos necesitan, … vendrá un
tiempo que, con entrañas de humanidad, podrá sacar lo mejor de cada uno de
nosotros.
Que este día nos ayude a reflexionar; no caigamos en la queja, y miremos
tanto el presente como el futuro con esperanza.
Recibid un fuerte abrazo, todavía simbólico, pero llegará el día de
abrazarnos de verdad.
