DESDE EL
TEMOR Y LA
ALEGRÍA
Queridos feligreses
y amigos:
Nos encontramos en
el tiempo de la Pascua de Resurrección; desde ayer nos adentramos en la larga
cincuentena pascual. Tenemos que hacer un ejercicio de búsqueda en nuestro
interior. Él nos llama a estar atentos a los signos de su presencia y a
descubrirlos de verdad. Estos días de confinamiento tienen que ayudarnos las
huellas de su vida entre nosotros. ¡feliz lunes de Pascua! No estamos de romería
en el campo, pero eso tampoco quita el degustar alguna “chuletita de palo”
aunque sea en el patio o en el balcón , ¡uummm, qué ricas!
La liturgia de este
primer lunes de pascua es reflejo de la importancia que tiene para aquella
primera comunidad la resurrección del Señor. En el libro de los Hechos de los
Apóstoles hoy leemos que San Pedro afirma públicamente: “no era posible que la muerte lo retuviera bajo su dominio” (…) pues
bien, Dios resucitó a este Jesús y nosotros somos testigos” ( Hch 2, 22-33)
Pedro está haciendo ya su propia confesión de fe, tanto personal como comunitaria.
Ha descubierto la importancia de lo que costará mucho expresar con palabras
pero que forma parte de su vida interior. La resurrección no deja de ser un
misterio, pero transformador de la vida de aquellos apóstoles. Será muy difícil
poder entenderla, dar razones de ella e incluso asumirla en la vida si no miramos con los
ojos de la fe.
Es lo que le
ocurrió a aquellas mujeres que marchaban al sepulcro y se lo encuentran abierto
y vacío. ¡Algo que se escapa de su propia experiencia ha ocurrido! Les entra
miedo, temor, impresión, … y a la vez se han llenado de alegría. Se están
adentrando en el misterio de lo que no saben expresar con palabras, porque tan
sólo se han encontrado con una tumba vacía. Salen corriendo en búsqueda de los
demás. ¿Estarán descubriendo en su vida las palabras de Jesús cuando les
hablaba de la resurrección? ¡No lo sabemos! Pero no permanecen en quietud, se
mueven; algo les dice que tienen que seguir buscando y no en solitario.
En ese camino Jesús
les sale al encuentro: “ no tengáis miedo: id a comunicar a mis
hermanos que vayan a Galilea; allí me verán”. Este encuentro ya está en el ámbito de la experiencia personal e interior de Dios en la vida de cada
creyente. Se han encontrado con la esperanza de que Jesús está vivo. Jesús ya
es un hombre nuevo; es eternidad en lo pasajero del tiempo. Lo material puede
disolverse, marchitarse, … pero el “ser”, lo esencial, permanece: la Vida del
que vive para siempre. Este encuentro las llena de gozo. ¡Se han adentrado para
siempre en la esfera de Dios!
En este pasaje
aparecen otros personajes; la cara opuesta a estas mujeres. Nos dice así el
mismo evangelio: “ los sumos sacerdotes
encargaron a los guardas: decid que sus discípulos fueron de noche y robaron el
cuerpo mientras vosotros dormíais” ( Mt 28, 8-15). ¡Ay amigo, … aquí están
los del sillón a toda costa!; se sienten muy libres pero son esclavos de sus
ideas preconcebidas. Hablan de Dios, pero sin Dios en su vida. Están
institucionalizados; es más, ideologizados en una religión sin novedad, sin
espíritu, estática. Para ellos este acontecimiento es un peligro. No quieren
salir de la esfera de lo terreno, ni dejar que Dios los adentre en una
experiencia nueva. Estos sí que tienen miedo; y en el fondo estarán tristes
porque no hay perspectiva de futuro si cerramos las puertas “al vuelo del
Espíritu”.
Vuelve a aparecer
Galilea: el lugar en el que Jesús creció; aquí comenzó, en las orillas del
lago, sus primeros pasos de la misión recibida; conoció a su grupo de amigos; los
primeros signos; en Galilea vemos a un Jesús alegre, comunicativo, cercano. Y
los convoca en ese espacio en el que ellos tienen centrada toda su vida:
trabajos, familias, pueblos, pesares y esperanzas. Jesús no quiere que ellos se
desentiendan de sus vidas.
Puede que hoy nos
diga Jesús lo mismo que a aquellas mujeres y aquellos hombres: tenemos que ser
testigos de la Buena Nueva de la resurrección en medio de nuestra vida, en el
trabajo, en las dificultades, con los demás; confinados en casa o trabajando y
dándolo todo en estas circunstancias, … ¡esta es nuestra Galilea particular!,
pero interiorizando, de una forma distinta, esta dimensión espiritual de la
vida. No todo es material, apegados a nuestros bienes, existe la dimensión
espiritual en la vida, y en todo está la presencia de Dios porque Cristo
resucitado sigue presente en la vida.
Necesitamos abrir
el corazón para descubrirlo. La mirada interior es necesaria para llegar a
disfrutar de esa experiencia profunda de la fe que nos introduce en la
dimensión del Resucitado. ¡ Feliz día, y comenzamos, ojalá sea así, los últimos
de este confinamiento! Mientras tanto, nos quedamos en casa. Abrazos virtuales.
