LO NECESITAMOS
A ÉL
Queridos feligreses y amigos:
Estos días de confinamiento dan un poco para todo: leer,
escuchar música, pasear por el pasillo de casa, salir lo imprescindible,
estudiar, rezar, cocinar con tranquilidad, … lo importante es saber disfrutar
de este tiempo a pesar de las dificultades: nos alegramos por los que superan
la enfermedad, nos entristecen los rostros doloridos por la misma, agradecemos
la labor de sanación que realizan tantos profesionales, atendemos a los que
tenemos cerca, y abrimos la vida a la esperanza. No nos cerramos al futuro sino
que lo queremos abierto al horizonte para construir entre todos una sociedad
mejor.
La liturgia de hoy nos acerca un pasaje del evangelio de San
Mateo (Mt 11,25-30). En esta página nos vamos a encontrar con llamadas muy
concretas que nos hace Jesús sobre su persona y sobre el seguimiento. En estos
momentos que vivimos, la Palabra de Jesús, puede ayudarnos a vencer este clima
de tristeza, desaliento, cansancio por el que estamos pasando y transformar
nuestras vidas en testigos de vida y de esperanza. Lo vamos a sintetizar en tres
llamadas concretas:
“Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y
yo os aliviaré”. No podemos escurrir el bulto diciendo que esto a mí no me pasa. Estamos
cansados, preocupados, y bastante tristes ante esta realidad que nos ha
sorprendido y que ha llegado para quedarse sin pedirnos permiso. Estamos rotos
por la cantidad de vidas que se está cobrando esta pandemia y haciendo una gran
herida en toda una generación a la que, por siempre, tendremos que estar
agradecidos, haciendo memoria constantemente de ellos. Somos y vivimos
demasiado bien porque ellos trabajaron por darnos un futuro lleno de
oportunidades. Una generación que renació de unas calientes cenizas sembrando
reconciliación, encuentro, diálogo, paz y mucho, mucho, trabajo.
Estamos ante incertidumbres porque el futuro no amanece
con resplandores de luz y de vida. Nos espera un tiempo de recuperación, cuando
esto pase, que será lento y necesitará lo mejor de cada persona. Tendremos que
hacer cotidiana la famosa frase de que “lo que tú tengas que hacer no esperes a
que lo hagan otros por ti”. Los cristianos tendremos que ser levadura en la
masa: aportar nuestra visión de la vida y compartir nuestro proyecto de fe
aliviando sufrimiento, acompañando realidades, dialogando por un futuro mejor
con quien sea, sirviendo a los demás, apostando por lo público, reconociendo la
labor de los que nos sanan, cuidan y velan por nuestras vidas, haciendo opción
por cada persona. Estoy convencido que la misma Iglesia, aunque ahora parece
estar dormida que no lo está, dará y seguirá dando lo mejor y en esta
experiencia saldrá fortalecida porque tiene a Jesús en el centro de su ser.
Una segunda llamada: “cargad con mi yugo, porque es llevadero, y
mi carga, ligera”. El yugo de Jesús es el del amor y la carga es la
humanidad; pero no agobia a nadie, sino que libera lo mejor que hay en
nosotros, pues nos propone vivir haciendo la vida más humana, digna y sana entre
nosotros y con los demás. Así ilusionó a los suyos y nos anima: nos propone una
forma apasionante de vivir y de dar la vida en la opción por la persona y con la
actitud de entrega y de compasión por ella.
Tenemos que pedirle que libere en nosotros presiones que
nos hacen mirar mal a los demás; que abra espacios para el encuentro y el
diálogo; que nos libere de miedos y nos abra a la confianza. Ser sus testigos
porque en nuestra vida queremos vivir la fraternidad y sembrar la bondad.
Una última llamada: “aprended de mí, que soy manso y humilde de
corazón, y encontraréis descanso para vuestras vidas”. ¡Tenemos tanto
que aprender de Él! Su vida fue sencilla, humilde, y cercana. Vivió dando un
profundo sentido al Ser de la persona y no tanto a lo periférico que hemos ido
acumulando en nuestro trayecto. Él
acompaña nuestros esfuerzos y nuestros temores; nuestros miedos y nuestras
alegrías y nos lanza a mirar hacia delante con mucha esperanza.
Hoy saquemos en claro una conclusión: lo necesitamos a
Él; tenemos que consolidar nuestra vida en una confianza más plena en Él. Lo
recibimos como evangelio vital, como la mejor buena noticia que resuena en
nosotros y que necesita nuestra realidad. Queridos amigos, ¡feliz viernes!, sigamos
siendo responsables; os deseo de corazón un fuerte abrazo virtual e igualmente
mis bendiciones, que son de las que valen.

