miércoles, 29 de abril de 2020


LO  NECESITAMOS   A ÉL

Queridos feligreses y amigos:
Estos días de confinamiento dan un poco para todo: leer, escuchar música, pasear por el pasillo de casa, salir lo imprescindible, estudiar, rezar, cocinar con tranquilidad, … lo importante es saber disfrutar de este tiempo a pesar de las dificultades: nos alegramos por los que superan la enfermedad, nos entristecen los rostros doloridos por la misma, agradecemos la labor de sanación que realizan tantos profesionales, atendemos a los que tenemos cerca, y abrimos la vida a la esperanza. No nos cerramos al futuro sino que lo queremos abierto al horizonte para construir entre todos una sociedad mejor.

La liturgia de hoy nos acerca un pasaje del evangelio de San Mateo (Mt 11,25-30). En esta página nos vamos a encontrar con llamadas muy concretas que nos hace Jesús sobre su persona y sobre el seguimiento. En estos momentos que vivimos, la Palabra de Jesús, puede ayudarnos a vencer este clima de tristeza, desaliento, cansancio por el que estamos pasando y transformar nuestras vidas en testigos de vida y de esperanza. Lo vamos a sintetizar en tres llamadas concretas:

“Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré”. No podemos escurrir el bulto diciendo que esto a mí no me pasa. Estamos cansados, preocupados, y bastante tristes ante esta realidad que nos ha sorprendido y que ha llegado para quedarse sin pedirnos permiso. Estamos rotos por la cantidad de vidas que se está cobrando esta pandemia y haciendo una gran herida en toda una generación a la que, por siempre, tendremos que estar agradecidos, haciendo memoria constantemente de ellos. Somos y vivimos demasiado bien porque ellos trabajaron por darnos un futuro lleno de oportunidades. Una generación que renació de unas calientes cenizas sembrando reconciliación, encuentro, diálogo, paz y mucho, mucho, trabajo.

Estamos ante incertidumbres porque el futuro no amanece con resplandores de luz y de vida. Nos espera un tiempo de recuperación, cuando esto pase, que será lento y necesitará lo mejor de cada persona. Tendremos que hacer cotidiana la famosa frase de que “lo que tú tengas que hacer no esperes a que lo hagan otros por ti”. Los cristianos tendremos que ser levadura en la masa: aportar nuestra visión de la vida y compartir nuestro proyecto de fe aliviando sufrimiento, acompañando realidades, dialogando por un futuro mejor con quien sea, sirviendo a los demás, apostando por lo público, reconociendo la labor de los que nos sanan, cuidan y velan por nuestras vidas, haciendo opción por cada persona. Estoy convencido que la misma Iglesia, aunque ahora parece estar dormida que no lo está, dará y seguirá dando lo mejor y en esta experiencia saldrá fortalecida porque tiene a Jesús en el centro de su ser.

Una segunda llamada: “cargad con mi yugo, porque es llevadero, y mi carga, ligera”. El yugo de Jesús es el del amor y la carga es la humanidad; pero no agobia a nadie, sino que libera lo mejor que hay en nosotros, pues nos propone vivir haciendo la vida más humana, digna y sana entre nosotros y con los demás. Así ilusionó a los suyos y nos anima: nos propone una forma apasionante de vivir y de dar la vida en la opción por la persona y con la actitud de entrega y de compasión por ella.

Tenemos que pedirle que libere en nosotros presiones que nos hacen mirar mal a los demás; que abra espacios para el encuentro y el diálogo; que nos libere de miedos y nos abra a la confianza. Ser sus testigos porque en nuestra vida queremos vivir la fraternidad y sembrar la bondad.

Una última llamada: “aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras vidas”. ¡Tenemos tanto que aprender de Él! Su vida fue sencilla, humilde, y cercana. Vivió dando un profundo sentido al Ser de la persona y no tanto a lo periférico que hemos ido acumulando en nuestro trayecto.  Él acompaña nuestros esfuerzos y nuestros temores; nuestros miedos y nuestras alegrías y nos lanza a mirar hacia delante con mucha esperanza.

Hoy saquemos en claro una conclusión: lo necesitamos a Él; tenemos que consolidar nuestra vida en una confianza más plena en Él. Lo recibimos como evangelio vital, como la mejor buena noticia que resuena en nosotros y que necesita nuestra realidad. Queridos amigos, ¡feliz viernes!, sigamos siendo responsables; os deseo de corazón un fuerte abrazo virtual e igualmente mis bendiciones, que son de las que valen.