domingo, 26 de abril de 2020


¡ NO  ESTAMOS  DE  VUELTA  DE  TODO !

Queridos feligreses y amigos:
Hoy es domingo y rezamos con el himno de laudes: “la mañana celebra tu resurrección y se alegra con claridad de Pascua (…) tu sagrada luz se difunde como una gracia nueva”. Sigamos rezando para que mejore esta situación y siendo responsables con nuestros actos para seguir frenando la expansión de este virus. ¡Ánimo!

Al ser tantos los días que llevamos en nuestras casas, y siendo agradecidos por todas las personas que nos sirven para que no nos falte lo necesario, comenzamos a escuchar realidades que quitan paz y tranquilidad en la vida. Hoy es el primer día en el que los niños menores de catorce años pueden salir a pasear o jugar durante una hora a la calle acompañados por sus padres. Todas las imágenes vistas en TV, muy bien orientadas por cierto, nos presentan a niños y a padres rogando esta necesidad, y hoy la crítica es que cuando pase esta situación, los mismos niños y padres dejen los jueguecitos informáticos guardados y salgan horas a correr y a jugar para llenarse de los rayos solares, tan necesarios en su crecimiento. ¡Estamos de vuelta de todo!

A nivel eclesial, corren por las redes sociales ciertos vídeos, muy intencionados, dirigidos a obispos, e incluso al Papa, pidiendo que se abran los templos para que los fieles reciban los sacramentos porque están muy necesitados de los mismos. Incluso algún audio de sacerdotes que, saltándose el confinamiento, visitan casas, llevan la comunión y confiesan a quienes lo solicitan, vistiendo de heroicidad lo que es una  imprudencia temeraria.

Y si entramos en el hemiciclo del Congreso, ¡para qué hablar!. El gobierno sin un ápice de auto-crítica ni sentido de culpa; y los que están en frente, como oposición, únicamente reman hacia delante cuando hay que alargar el confinamiento, pero propuestas muy pocas; y la crítica es segura: miles de muertos, sanitarios enfermos, cuerpos de seguridad contagiándose, los test no llegan a los ciudadanos, la economía casi parada; y este desierto sigue siendo atravesado por la sociedad sin ver claro en el horizonte algún oasis que refresque. ¡Parece que estamos de vuelta de todo!

Pero hoy es domingo, y hemos vuelto a escuchar el pasaje del encuentro del Resucitado con los caminantes de Emaús (Lc 24,13-35). Me paro en la sorpresa de aquellos dos discípulos: “¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?”. Y yo me pregunto, ¿arde mi corazón al encontrarme con el Resucitado en mi vida? ¿Soy capaz de descubrir su presencia en esta realidad que nos toca vivir? Y voy a decir que SÍ, a pesar de los pesares, parándome en estas tres realidades a modo de punta de los Icebergs que flotan en este confinamiento que, al ser largo, ahora engendra temores, dificultades y tragedias en algunas familias: ya no corren memes por las redes sociales haciendo chiste del tiempo que llevamos en casa.

Descubro el rostro del Resucitado en los padres que se han tenido que reinventar para saber acompañar, educar, mimar y proteger, además de amar de corazón, a sus hijos en los hogares, algunos de muy pocos metros cuadrados. Convivencias de veinticuatro horas diarias ejerciendo de maestros, animadores, confidentes, protectores, y con dosis de paciencia, de alegría y de mucha creatividad. Y lo descubro lleno de vitalidad y de gracia en cada uno de esos niños confinados en el hogar. Aquí hay muestras de entrega y de vida compartida; y aquí está el Resucitado que nos invita a ser testigos de tanta vida engendrada y acompañada. Veo como signo de Pascua que estos padres, con responsabilidad, acompañen un rato a sus hijos a dar un paseo, y que puedan disfrutar del aire libre de la primavera.

Reconozco que, a nivel eclesial, los vídeos me han sorprendido. Creo que la solución no es más misas con menos gente; ni mas sacramentos en estos momentos, cuando el Virus no entiende de Custodias sostenidas, ya sea en tejados o en campanarios, … Las normas están para que las cumplamos todos y como testimonio, mas y mejor, todos los cristianos. Pero quiero ver el rostro del Resucitado en que, cuando esto termine, valoremos más y mejor las celebraciones y los sacramentos que recibimos. Que las sintamos con profundidad de vida sabiendo qué celebramos y a quién recibimos. Pero me hubiera gustado más un vídeo con toda la labor de la Iglesia en estas fechas: miles de voluntarios de Cáritas; miles de profesionales cristianos dándose por los enfermos en hospitales; miles de catequistas acompañando desde sus hogares; miles de donaciones para los más pobres, sueldos de cristianos entregados para mejorar esta realidad; miles de voluntarios atendiendo a los que están en la calle; miles de capellanes en hospitales de todo el mundo; miles de misioneros en medio de esta y otras pandemias como el hambre; miles de sacerdotes celebrando diariamente y con sentido de comunidad por todos, y presentes en los cementerios para dar digna y cristiana sepultura a nuestros difuntos; miles de llamadas a mejorar la calidad de vida de este planeta tierra; … estos no salen en los vídeos ni en los audios, … pero aquí descubro mejor y con más claridad al Resucitado.

Y veo al Resucitado en otra forma de hacer política. El gobierno se ejerce desde el servicio y la entrega y, cuando este falla, sólo se priman ideologías, consignas y sillones. Veo al Resucitado en la política de cercanía, de escucha, de encuentro, de estar cerca de los que realmente lo necesitan. Creo en la política que se pone al lado del otro para apoyar o echar una mano. Creo en la política del que gobierna y cede su sueldo a los que en ese momento necesitan un empuje o una ayuda. Creo en la política del que sabe hacer vida en medio de su pueblo, como uno más, pero mirando bien por todos. Y de esta forma de hacer política también hay mucha en nuestras realidades. Creo en estas personas y veo las huellas del Resucitado en ellos. Otra forma de hacer política, otra forma de servir, es posible.

Nos sentaremos en la mesa con Él y le reconoceremos en la fracción del pan; le reconoceremos en los signos de su vida resucitada entre nosotros. Os deseo de corazón un feliz domingo. Mis bendiciones en este día y mi abrazo deseado.