PALMAS Y
RAMOS DE OLIVO AL
VIENTO
Queridos feligreses
y amigos:
¡Os deseo un feliz
domingo de ramos! Hoy hemos cambiado la fiesta, el colorido y la música en
nuestras calles por el silencio en las mismas y el recogimiento en nuestros
hogares. Este día nos abre la mirada y el corazón para comenzar a vislumbrar
cómo vamos a vivir los días más importantes del calendario cristiano. Tendremos
que hacer un verdadero acto de fe y de interioridad para convertir nuestra vida
en “el templo de Dios”; y dejar que Él se adentre para vivir la fe con el verdadero
deseo de “estar con Él”.
La celebración de
hoy se abre con un breve pasaje del evangelio de san Mateo (21,1-11) que da
paso a la bendición de las palmas y los ramos. Este evangelio nos dice: “Encontraréis un borrico atado, que nadie ha
montado todavía. Desatadlo y traedlo”. Nos acompaña este sencillo evangelio
para vislumbrar el ambiente de la fiesta, el colorido de los ramos y las
palmas, el ajetreo de los niños con sus túnicas blancas, los jóvenes en sus
lugares dentro de la celebración porque hoy tienen un protagonismo especial,
celebraciones muy cuidadas con amplia representación municipal y de las
hermandades y cofradías de la ciudad, … música, sonido de campanas, procesión,
personas en las calles, …. ¡Este año es diferente, pero no por eso menos real!
Este año tocamos
con las yemas de los dedos lo que significa la vulnerabilidad y la debilidad
para fijar la mirada en el Hijo de Dios, que hace su entrada triunfal en
nuestra vida desde la inocencia, la mansedumbre y la humildad “del que no hizo alarde de su categoría de
Dios, sino que se despojó de su rango y tomó la condición de Siervo” (Flp
2, 6-11). Así, este día concreto, nos está enseñando el valor de lo pequeño, de
lo débil; del triunfo de la humildad y del servicio, valorando los gestos cercanos
de los nuestros que están en los hogares; vivir la fe un poco a la intemperie,
sin referencia a nuestros templos, pero con dosis de creatividad y deseos de
encuentro y de oración. Nos tenemos que educar en un cristianismo de madurez,
no de dependencia; y que en cada tiempo o lugar, dadas las circunstancias por
las que se pase, Dios hace morada en nosotros y quiere que seamos personas de
fe y de esperanza.
Se abren días
santos en nuestras agendas; con más tiempo que el deseado para dedicárselo a
los demás, a uno mismo y a Dios. Nos vamos a adentrar en los misterios
fundamentales de la fe. Intentaremos ayudar con materiales concretos para cada
día y cada celebración como habéis podido comprobar; y que cada uno se organice
para celebrarlas en familia o individualmente; y añadiendo grandes dosis de
iniciativas personales a la hora de vivir estos días. Tenemos que conseguir que
sean santos de verdad y que nos transformen en mejores personas y mejores
cristianos.
Tampoco podemos
olvidar que el día de hoy es la Fiesta del Domingo de Ramos en la Pasión de
Jesús. Se proclama la Pasión del Evangelio de San Mateo (26,14-27,66). Nos pone
en aviso de cuanto nos queda por vivir estos días; es como un anticipo. Jesús
da la vida por nosotros. No se guarda nada para sí. Vive la absoluta confianza
en la voluntad del Padre y la fidelidad hacia cada uno de nosotros. Él aprendió
a amar, entregándose, sufriendo y dando la vida por los demás. Las palmas y los
ramos son también los que aclaman al que se va a entregar por nosotros.
Os pido un
ejercicio de silencio y de oración interior. Movamos al viento nuestras palmas
y ramos ofrecidos hoy a Jesús, a quien aclamamos como el Señor, que entra
por la puerta dorada de tu corazón para permanecer en tu ciudad vital. Pero que
este movimiento recuerde especialmente a cuantos están entregando su vida, sus
cualidades, sus esfuerzos, sus conocimientos y trabajos, por todos nosotros en
estas circunstancias de Pandemia; y muy especialmente valoremos sus vidas en la
cercanía, trato y consuelo de tantos y tantos enfermos. Todo por la persona;
todo por amor y dedicación; servidores al estilo de Jesús, que “pasó haciendo el bien”. Estemos muy
cerca de ellos y también de nuestros mayores que ahora nos necesitan más; y en
nuestra oración una petición al Padre por la salud de nuestro mundo.
Y nada más; hoy
deseo que os dejéis ayudar por todos los materiales que os llegan y vivamos un
buen y profundo domingo del Señor, que entra triunfalmente en Jerusalén y las
vidas de los que le abrimos las puertas. Os deseo de corazón un fuerte abrazo.
