CAMINO Y CAMINANTE
EN LA VERDAD Y EN LA VIDA
Queridos feligreses y amigos:
Os confieso que, a veces, tengo la impresión de que no
somos del todo conscientes de esta situación tan difícil y compleja que estamos
viviendo. Han perdido la vida más de 25.000 personas; han muerto y han
enfermado personas de la sanidad que nos cuidan con entrega humana y dedicación
constante; miles de personas atendiéndonos en todas nuestras necesidades
básicas: maestros, fuerzas de seguridad, transportistas, vendedores, personal
de limpieza, …; familias confinadas conviviendo y haciendo del hogar un espacio
creativo para los hijos; personas mayores con más cuidados que nunca; hemos
perdido altas cotas de libertad personal y social; muchas personas en ERTES y
engrosando las listas del Paro con lo que supone vivir mal, … Toda esta
realidad nos está llamando a una Responsabilidad seria y efectiva: nos tenemos
que cuidar a nosotros y a la misma sociedad. Saldremos antes si entre todos ponemos
de nuestra parte: respetar las distancias, uso de mascarillas, no andar en
grupo y todo el día en la calle. Pasamos a otra Fase, la número uno, pero aún
queda mucho por andar; y podemos ralentizar el pasar pronto a las siguientes.
Seamos muy responsables. Y si lo estamos haciendo bien continuemos realizándolo,
por uno mismo y por los demás.
Esta situación produce angustia y miedo ante el
sufrimiento y la muerte. Cada vez que he tenido que oficiar un entierro y
despedir cristianamente a nuestros seres queridos lo he realizado desde la fe y
la esperanza, pero casi sin palabras por el inmenso dolor y tristeza que supone
morir en estas circunstancias. Hoy viene en nuestra ayuda en inicio del
evangelio que se proclamará en la liturgia (Jn 14, 1-6): “Que no tiemble vuestro corazón; creed en
Dios y creed también en mí, (…) os llevaré conmigo, para que donde estoy yo,
estéis también vosotros”. La fe nos da confianza en Jesús aceptando que
Él no nos deja solos. Camina a nuestro lado y en los momentos más difíciles nos
muestra el rostro del amor del Padre.
Por eso, el evangelio nos anima a vencer cualquier miedo
que esté en nuestra vida y nos lleva a vivir desde la confianza y la esperanza;
pero también nos hace esa llamada a la responsabilidad con todos los demás, con
la misma sociedad, y juntos atravesar esos miedos que nos amenazan.
Es una llamada a poner a Jesús en el centro de la vida, y
vivir y compartir su proyecto de amor: el proyecto del buen pastor que se
desvive por cada uno de nosotros; la vida del servidor que se entrega
arrodillado ante cualquier sufrimiento o miseria; la alegría del Padre que se
vuelve a encontrar con el hijo perdido; el compromiso del que multiplica una
mesa gratuita con abundancia de pan en el monte de la vida; la del viajero que
nos educa en la Palabra y hace que arda nuestro corazón; la del Samaritano que
sana y protege a un herido anónimo en cualquier vereda; la del corazón
misericordioso que evita pedradas lanzadas contra los desahuciados y
maltratados; …
Por eso, Jesús, es para cada uno de nosotros:
El CAMINO: el que nos conduce hacia el amor de Dios. Nos
renueva en el sendero del amor gratuito del Padre. No es un camino cualquiera;
es un camino de vida, de salvación, porque seguimos al caminante que nos lleva
por las sendas de su amor y de su entrega; seguimos al caminante que nos
acompaña en todos los momentos de nuestra vida; y nos da confianza para
seguirlo, conocerlo y amarlo. Él es el Resucitado, que nos amó hasta darse en la
Cruz por cada uno de nosotros.
Es la VERDAD, la que nos hace libres. Hoy nos
movemos en un ambiente con muchos puntos
de vista, muy distintos y diferentes; se oye decir que pocas cosas hay seguras
y firmes en la vida; planteamientos con
una gran mezcla de apariencias y algunos puntos de vistas que se convierten en
dogmáticos por encima de cualquier otra idea. En este ambiente Jesús es la
verdad para la vida cristiana. Una verdad que ilumina con su Palabra y una vida
fiel a la misma Verdad del Evangelio que derriba muros de falsedades y mentiras;
que abre la opción de la libertad en la persona y la búsqueda de la justicia
por el bien de todos, cuánto más de los pobres y necesitados.
Y es la VIDA, una vida en plena, una vida en Dios. El
amor de Jesús da vida, no se pierde, sino que germina en nosotros con entrañas
de plenitud. Somos enviados a sembrar esta vida digna y plena para todo ser
humano, en lo concreto y en lo cotidiano. Compartir la vida con quienes
vivimos, a quienes acompañamos, con quienes vamos de camino, y poner a Dios en
el centro de nuestro caminar.
¡Feliz viernes! Os deseo lo mejor, … sigamos
adentrándonos en las páginas del Evangelio. Muchos abrazos virtuales, … pronto,
en la fase que corresponda y no es en la primera, serán muy reales.

