viernes, 8 de mayo de 2020


CAMINO Y CAMINANTE EN LA VERDAD Y EN LA VIDA

Queridos feligreses y amigos:
Os confieso que, a veces, tengo la impresión de que no somos del todo conscientes de esta situación tan difícil y compleja que estamos viviendo. Han perdido la vida más de 25.000 personas; han muerto y han enfermado personas de la sanidad que nos cuidan con entrega humana y dedicación constante; miles de personas atendiéndonos en todas nuestras necesidades básicas: maestros, fuerzas de seguridad, transportistas, vendedores, personal de limpieza, …; familias confinadas conviviendo y haciendo del hogar un espacio creativo para los hijos; personas mayores con más cuidados que nunca; hemos perdido altas cotas de libertad personal y social; muchas personas en ERTES y engrosando las listas del Paro con lo que supone vivir mal, … Toda esta realidad nos está llamando a una Responsabilidad seria y efectiva: nos tenemos que cuidar a nosotros y a la misma sociedad. Saldremos antes si entre todos ponemos de nuestra parte: respetar las distancias, uso de mascarillas, no andar en grupo y todo el día en la calle. Pasamos a otra Fase, la número uno, pero aún queda mucho por andar; y podemos ralentizar el pasar pronto a las siguientes. Seamos muy responsables. Y si lo estamos haciendo bien continuemos realizándolo, por uno mismo y por los demás.

Esta situación produce angustia y miedo ante el sufrimiento y la muerte. Cada vez que he tenido que oficiar un entierro y despedir cristianamente a nuestros seres queridos lo he realizado desde la fe y la esperanza, pero casi sin palabras por el inmenso dolor y tristeza que supone morir en estas circunstancias. Hoy viene en nuestra ayuda en inicio del evangelio que se proclamará en la liturgia (Jn 14, 1-6): “Que no tiemble vuestro corazón; creed en Dios y creed también en mí, (…) os llevaré conmigo, para que donde estoy yo, estéis también vosotros”. La fe nos da confianza en Jesús aceptando que Él no nos deja solos. Camina a nuestro lado y en los momentos más difíciles nos muestra el rostro del amor del Padre.

Por eso, el evangelio nos anima a vencer cualquier miedo que esté en nuestra vida y nos lleva a vivir desde la confianza y la esperanza; pero también nos hace esa llamada a la responsabilidad con todos los demás, con la misma sociedad, y juntos atravesar esos miedos que nos amenazan.

Es una llamada a poner a Jesús en el centro de la vida, y vivir y compartir su proyecto de amor: el proyecto del buen pastor que se desvive por cada uno de nosotros; la vida del servidor que se entrega arrodillado ante cualquier sufrimiento o miseria; la alegría del Padre que se vuelve a encontrar con el hijo perdido; el compromiso del que multiplica una mesa gratuita con abundancia de pan en el monte de la vida; la del viajero que nos educa en la Palabra y hace que arda nuestro corazón; la del Samaritano que sana y protege a un herido anónimo en cualquier vereda; la del corazón misericordioso que evita pedradas lanzadas contra los desahuciados y maltratados; …

Por eso, Jesús, es para cada uno de nosotros:

El CAMINO: el que nos conduce hacia el amor de Dios. Nos renueva en el sendero del amor gratuito del Padre. No es un camino cualquiera; es un camino de vida, de salvación, porque seguimos al caminante que nos lleva por las sendas de su amor y de su entrega; seguimos al caminante que nos acompaña en todos los momentos de nuestra vida; y nos da confianza para seguirlo, conocerlo y amarlo. Él es el Resucitado, que nos amó hasta darse en la Cruz por cada uno de nosotros.

Es la VERDAD, la que nos hace libres. Hoy nos movemos en un ambiente con muchos puntos de vista, muy distintos y diferentes; se oye decir que pocas cosas hay seguras y firmes en la vida; planteamientos con una gran mezcla de apariencias y algunos puntos de vistas que se convierten en dogmáticos por encima de cualquier otra idea. En este ambiente Jesús es la verdad para la vida cristiana. Una verdad que ilumina con su Palabra y una vida fiel a la misma Verdad del Evangelio que derriba muros de falsedades y mentiras; que abre la opción de la libertad en la persona y la búsqueda de la justicia por el bien de todos, cuánto más de los pobres y necesitados.

Y es la VIDA, una vida en plena, una vida en Dios. El amor de Jesús da vida, no se pierde, sino que germina en nosotros con entrañas de plenitud. Somos enviados a sembrar esta vida digna y plena para todo ser humano, en lo concreto y en lo cotidiano. Compartir la vida con quienes vivimos, a quienes acompañamos, con quienes vamos de camino, y poner a Dios en el centro de nuestro caminar.

¡Feliz viernes! Os deseo lo mejor, … sigamos adentrándonos en las páginas del Evangelio. Muchos abrazos virtuales, … pronto, en la fase que corresponda y no es en la primera, serán muy reales.