SENTADOS EN SU MESA Y EDUCADOS PARA VIVIR
Queridos feligreses y amigos:
Siguen pasando los días de este confinamiento dentro del
estado de alarma; seguramente con las pequeñas salidas programadas lo estemos
llevando mejor, pero no hay que descuidarse. Hagamos muchísimo caso a los
médicos y enfermeros en el uso de mascarillas y seamos constantes en cuidar las
normas de higiene, especialmente en lugares públicos. Tenemos que seguir
avanzando y no demos pasos hacia atrás. Casi dos meses desde que nos tuvimos
que meter en nuestras casas; vamos a cuidarnos y a mirar la vida con mucha
esperanza. ¡Feliz jueves!
El evangelio de hoy nos sitúa en unas claves muy
concretas para crecer en nuestra vida cristiana. Es un texto del evangelio de
San Juan (Jn 13, 16-20). Los apóstoles
se encuentran junto a Jesús en el Cenáculo para celebrar la Última Cena. Él ha
lavado los pies a sus discípulos y comienza a educar desde el signo realizado.
Recibimos aquí la primera clave: somos
educados por Él en el servicio, para unir nuestra vida a la suya. Para los
cristianos no consiste en repetir signos, sino en vivir nuestra unión con Jesús
para prolongar en nosotros su misma historia de amor y de entrega. Él se entrega
hasta dar la vida porque nos ha amado; aquí hay que profundizar porque nuestras
muestras de amor y de entrega han de estar llenas de humildad y de servicio
gratuito. Es verdad que toda esta historia necesita en nosotros una constante y
verdadera conversión; en muchas ocasiones un cambio en la forma de pensar y de
sentir situando a la persona en el centro de nuestra vida; y muchas veces
tendremos que dejarnos transformar por su Palabra escuchándola con una actitud
agradecida.
Una segunda clave es: buscar la presencia de Dios en cada momento. Ayer profundizábamos
diciendo que cualquier tiempo o realidad es historia de salvación porque Jesús
no ha venido para condenar al mundo sino para salvarlo con su amor entregado.
Nos cuesta ver a Dios en los acontecimientos diarios y mas aún cuando estos son
difíciles y contrarios. En esta realidad de crisis tanto sanitaria como social
podemos ver el rostro de Dios en las personas que han fallecido y por las que
hemos orado para unirlas a la Resurrección de Jesús; en los médicos y
sanitarios que nos atienden y en los que buscan cómo solucionar este problema;
en la oración constante en nuestras casas; en el que sufre y en el que alivia
tanto sufrimiento; en los que se han recuperado y en los que han dado la vida
sirviendo y amando; en la paciencia de los niños y de los mayores confinados en
sus hogares, …. Dios en medio de la vida.
Y una tercera clave es: recibir a Jesús en la vida y practicar su enseñanza. “El
que recibe a mi enviado a mí me recibe”. La Iglesia es enviada; todos los
bautizados somos enviados, dentro de nuestras limitaciones y debilidades, pero
Dios cuenta con cada uno de nosotros. Se sirve muchas veces de personas para
mostrarnos su voluntad y por donde tenemos que caminar para vivir la fe y ser
testigos del evangelio, ser testigos de su amor y de su entrega. Es una llamada
a prolongar su proyecto con actitudes de misión compartida.
"Dichosos vosotros si lo ponéis en práctica". Esta llamada se descubre y se
vive cuando somos capaces de arrodillarnos a los pies de tantas personas
cansadas, agobiadas, tristes, pobres, enfermos, desencantados, … y servirles
con la vida dándonos de verdad y sin reservas como Jesús hace con nosotros. Así
no pretendemos ser más que nadie, sino configurar nuestra vida con la del
Servidor.
Descubrir y vivir esta llamada supone vivir en actitud de
escucha, de entrega y de servicio en nuestra vida. Es una llamada más necesaria
en estos días y en los que vendrán.
Tendremos que superar resistencias personales y sociales: lo que nos
acerca a Dios y nos aleja de los demás; las prisas y agobios que nos hacen
vivir acelerados sin dejar espacio y tiempo a Dios en nuestra vida; vivir la
entrega servicial o arrinconarnos en miedos que paralizan; … cada día el Señor
nos irá pidiendo poner en práctica cuanto con Él hemos descubierto.
Hoy también puede ser un buen día para adentrarnos en
nosotros, y descubrir lo necesaria que son estas claves en nuestra vida. ¡Ánimo
y esperanza! Seguimos caminando. Un fuerte y virtual abrazo, …

