¡SEÑOR, TÚ LO SABES
TODO!
Queridos feligreses y amigos:
Amanece muy temprano y cada mañana nos trae una luz que
lo renueva todo. Que este día os llene de esperanza y nos traiga buenas
noticias.
El evangelio de hoy y de mañana presentan el último
encuentro de Jesús con sus discípulos. Fue un reencuentro de celebración, marcado
especialmente por el cariño. En aquel amanecer se acabaron las prisas, se olvidó el cansancio de
la pesca nocturna, era Él y estaba con ellos. En medio de sus vidas vuelve la
alegría de los pescadores que han tenido una magnífica pesca y no se han roto
las redes. Otra vez viven la experiencia de la fe que lo reconoce vivo en las
tareas de la vida : “ninguno de los discípulos se atrevió a preguntarle ¿quién eres? Pues
sabían que era el Señor.” Se
encontraban seguros y contentos junto a Él. Vieron aquel modo suyo de partir y
repartir el pan, y sus ojos terminaron de abrirse como los de los dos
compañeros de Emaús.
Jesús sana las fuerzas de aquellos apóstoles preparándoles
un desayuno al amanecer: pan y peces. Este es el Dios de lo sencillo y de lo
cotidiano; en los pequeños detalles aparece su amor. Los invita a sentarse con
Él; y les envía a traer algunos de los peces que estaban en las redes porque Él
cuenta con ellos, con nosotros, por poco que podamos aportar.
Terminada la comida, Jesús llama a Pedro y le pregunta
tres veces: "¿Me amas?". Tres veces, porque fue por tres veces
que Pedro negó a Jesús (Jn 18,17.25-27). Después de tres respuestas afirmativas,
Pedro recibe el encargo de cuidar a la comunidad naciente. Para aquellas primeras
comunidades la fuerza que las sustenta y que las mantiene unidas no es la
doctrina, sino el amor. La práctica del amor se irá estableciendo en la vida y
la persona deja de ser dueña de sí misma. El servicio de amor a los hermanos
ocupará todo el ser de la Iglesia y será quien la conduzca por las veredas de
la vida.
El Padre quiere hacer una alianza de amor con todos,
pero especialmente con Pedro. Aquellas preguntas son un resumen del evangelio.
Si todo lo anterior ha sido la manifestación del amor de Cristo, ahora es
necesaria la respuesta del hombre; al final de esta Pascua del Resucitado es
necesaria nuestra respuesta: “Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te
quiero”. Las
preguntas de Jesús versan sobre el amor: aquel mismo amor que le había hecho
seguirlo sin pensarlo dos veces y sobre el que Pedro había dado muestras en
varias ocasiones. Y en ese mismo amor quedará sanada la herida, porque Jesús le
hace comprender que su mirada misericordiosa supera con creces lo sucedido en
el pasado, y llega hasta el fondo de su vida para renovar todo.
Dios nos ama y estamos abiertos a su salvación. Será en este amor donde
creceremos en nuestra vocación y este mismo amor nos dará mayor conocimiento de
Dios y de Jesús. No nos quedaremos en un conocimiento superficial. Experimentar
el amor del Padre es sabernos regenerados en el interior.
En las orillas de aquel lago, Jesús se manifiesta como el
salvador de la humanidad de Pedro; podía haberse visto destruida por la
negación, se podía haber visto rota y fracasada para siempre, encerrada en sí
misma; pero Jesús la rescata de sus mismas ruinas, y la renueva para que experimente a un Dios que salva,
que ama, que acompaña, y que invita: “¡Sígueme!”; y aquí, otra vez de
nuevo, se prolonga el eco de aquella
primera llamada en las orillas de aquel lago de Galilea.
La Iglesia nos
ofrece la posibilidad de encontrarnos con la transparencia de Jesús que amó profundamente
a Pedro y que le volvió a llamar después de su caída. Lo que da sentido de
unidad a la Iglesia, y a las comunidades parroquiales, es un
profundo conocimiento contemplativo de Jesús humilde y misericordioso, siempre
dispuesto al encuentro sanador porque nos ama con entrañas de misericordia y de
compasión.
Os dejo unas palabras del Cardenal Martini que ya propuse
para meditarlas en los Ejercicios Espirituales en la vida parroquial: “Jesús devuelve la confianza a Pedro. Pedro
ha pasado por la prueba, ha sido acrisolado a fuego, y está purificado de sus
perplejidades, de su fragilidad, de sus temores. Ahora puede experimentar a
Jesús como el Dios que le devuelve la confianza; ahora puede comprender su
vocación – aquella primera llamada a orillas del lago – como don gratuito de
Dios, no como orgullosa conquista de su propia fidelidad.”
¡Feliz viernes! Nos acercamos al acontecimiento de Pentecostés.
Disfrutemos este día y de la compañía de los demás. Mis bendiciones, que son de
las que valen , …

