jueves, 14 de mayo de 2020


UN PROYECTO DE VIDA

Queridos feligreses y amigos:
¿Qué tal estamos? Espero que viviendo con toda la paz posible estos días del estado de alarma. Y, aunque ya estemos en esta primera fase de la vuelta a la normalidad, cuidemos especialmente de los demás; y sigamos siendo agradecidos con todas las personas que nos ayudan a vivir con lo necesario y con los que nos cuidan constantemente. ¡Mucho ánimo!

Hoy celebramos en la Iglesia la memoria de San Matías. El grupo de los doce apóstoles se reúne y deciden nombrar a uno de los que se habían unido a aquella comunidad para suceder a Judas Iscariote. Rezan al Señor para que mostrara a su elegido y así continuar con el servicio apostólico; eligieron a Matías, asociándolo al grupo de los once.

Aquella primera comunidad vive las recomendaciones que Jesús les dejó en un largo discurso de despedida que recoge el evangelio de San Juan (Jn 15, 9-17). Estos serán algunos de los rasgos fundamentales que tendrán que vivir sus discípulos para ser fieles al Señor y al mensaje de su Reino; muy necesarios hoy también entre nosotros.

Permaneced en mi amor”. Esta verdad será siempre la primera. No es vivir unas normas o unas costumbres; es ante todo vivir en este amor que Jesús nos tiene, el mismo que recibe del Padre. Podemos pasar por momentos contrarios, difíciles, con muchas dudas e incertidumbres, incluso conflictos personales, pero si deseamos ser buenos cristianos no debemos apartarnos ni desviarnos de este amor en el que Jesús nos pide que permanezcamos.

Para permanecer en el amor de Jesús necesitamos “guardar sus mandamientos”, que él mismo resume perfectamente en un principio de fraternidad: “Este es mi mandamiento; que os améis unos a otros como yo os he amado”. El pueblo de Israel, a lo largo del tiempo, fue multiplicando las normas y las leyes para intentar ser lo más fieles posibles a la Alianza. Seguramente muchas de aquellas normas ocultaban el verdadero sentido del pacto que Dios había hecho con su pueblo. Y en nuestra querida Iglesia también nos pasa casi lo mismo y las normas se multiplican. De todos los mandatos escritos sólo dice Jesús: “Este mandato es el mío”. Necesitamos estar atentos porque esta suele ser la piedra de tropiezo en nuestra vida. Un seguidor de Jesús nunca debe olvidar que para vivir el amor a Dios hay que hacerlo real en el  amor fraterno.

Vivir de esta forma tiene que producir alegría en nuestra vida. No es una norma que resulte difícil de vivir y de cumplir. Es y debe ser un verdadero proyecto de vida. “Os hablo de esto para que mi alegría esté en vosotros y vuestra alegría llegue a plenitud”. Sin alegría es muy complicado transmitir fe y esperanza en medio de la vida. Es más, sin la alegría que nace del encuentro con el Señor y con los hermanos, la fe cristiana vive descafeinada, sin espíritu de vida, con tristeza y sin ánimos. Es muy necesario renovar nuestro sentido de pertenencia a Jesús y a la comunidad desde estas claves. Quien vive para amar, ama viviendo como Jesús.

Hagamos opción por este evangelio. Es necesario repetir que no se base en una norma, sino que amar como Jesús es la norma que debe orientar nuestra fe, nuestros valores y actitudes y nuestra pertenencia a la comunidad cristiana. Es todo un proyecto de vida resumido en un mandamiento, imagen perfecta del amor de Jesús.

También hoy nos convoca el Papa Francisco con todas las religiones monoteístas (judios, cristianos, musulmanes) a una Jornada de Oración para que los creyentes nos unamos pidiendo por el fin de esta pandemia. Es una propuesta para caminar juntos hacia un futuro mejor. Es un gesto importante de fe y de unidad. Intentemos dedicar un buen tiempo a esta llamada y respondamos con nuestra más sincera oración.

Caminamos hacia el final de otras semana. Mientras podamos, estemos el mayor tiempo posible en nuestros hogares y respetemos las normas establecidas para cuidarnos y cuidar a los demás. Muchos, seguramente, nos veremos en las misas del fin de semana. Para todos mi más sincero abrazo en la distancia y por estos medios digitales.