UN PROYECTO DE VIDA
Queridos feligreses y amigos:
¿Qué tal estamos? Espero que viviendo con toda la paz
posible estos días del estado de alarma. Y, aunque ya estemos en esta primera
fase de la vuelta a la normalidad, cuidemos especialmente de los demás; y
sigamos siendo agradecidos con todas las personas que nos ayudan a vivir con lo
necesario y con los que nos cuidan constantemente. ¡Mucho ánimo!
Hoy celebramos en la Iglesia la memoria de San Matías. El
grupo de los doce apóstoles se reúne y deciden nombrar a uno de los que se
habían unido a aquella comunidad para suceder a Judas Iscariote. Rezan al Señor
para que mostrara a su elegido y así continuar con el servicio apostólico;
eligieron a Matías, asociándolo al grupo de los once.
Aquella primera comunidad vive las recomendaciones que
Jesús les dejó en un largo discurso de despedida que recoge el evangelio de San
Juan (Jn 15, 9-17). Estos serán
algunos de los rasgos fundamentales que tendrán que vivir sus discípulos para
ser fieles al Señor y al mensaje de su Reino; muy necesarios hoy también entre
nosotros.
“Permaneced en mi amor”. Esta verdad será siempre la
primera. No es vivir unas normas o unas costumbres; es ante todo vivir en este
amor que Jesús nos tiene, el mismo que recibe del Padre. Podemos pasar por
momentos contrarios, difíciles, con muchas dudas e incertidumbres, incluso
conflictos personales, pero si deseamos ser buenos cristianos no debemos
apartarnos ni desviarnos de este amor en el que Jesús nos pide que
permanezcamos.
Para permanecer en el amor de Jesús necesitamos “guardar
sus mandamientos”, que él mismo resume perfectamente en un principio de
fraternidad: “Este es mi mandamiento; que os améis unos a otros como yo os he amado”.
El pueblo de Israel, a lo largo del tiempo, fue multiplicando las normas y las
leyes para intentar ser lo más fieles posibles a la Alianza. Seguramente muchas
de aquellas normas ocultaban el verdadero sentido del pacto que Dios había hecho con su pueblo. Y en nuestra querida Iglesia también nos pasa casi
lo mismo y las normas se multiplican. De todos los mandatos escritos sólo dice
Jesús: “Este mandato es el mío”. Necesitamos estar atentos porque esta
suele ser la piedra de tropiezo en nuestra vida. Un seguidor de Jesús nunca
debe olvidar que para vivir el amor a Dios hay que hacerlo real en el amor fraterno.
Vivir de esta forma tiene que producir alegría en nuestra
vida. No es una norma que resulte difícil de vivir y de cumplir. Es y debe ser
un verdadero proyecto de vida. “Os hablo de esto para que mi alegría esté
en vosotros y vuestra alegría llegue a plenitud”. Sin alegría es muy complicado transmitir fe y esperanza en medio
de la vida. Es más, sin la alegría que nace del encuentro con el Señor y con
los hermanos, la fe cristiana vive descafeinada, sin espíritu de vida, con
tristeza y sin ánimos. Es muy necesario renovar nuestro sentido de pertenencia
a Jesús y a la comunidad desde estas claves. Quien vive para amar, ama viviendo
como Jesús.
Hagamos opción por este evangelio. Es necesario repetir
que no se base en una norma, sino que amar como Jesús es la norma que debe
orientar nuestra fe, nuestros valores y actitudes y nuestra pertenencia a la
comunidad cristiana. Es todo un proyecto de vida resumido en un mandamiento,
imagen perfecta del amor de Jesús.
También hoy nos convoca el Papa Francisco con todas las religiones monoteístas (judios, cristianos, musulmanes) a una Jornada de Oración para que los creyentes nos unamos pidiendo por el fin de esta pandemia. Es una propuesta para caminar juntos hacia un futuro mejor. Es un gesto importante de fe y de unidad. Intentemos dedicar un buen tiempo a esta llamada y respondamos con nuestra más sincera oración.
Caminamos hacia el final de otras semana. Mientras podamos, estemos el mayor tiempo posible en nuestros hogares y respetemos las normas establecidas para cuidarnos y cuidar a los demás. Muchos, seguramente, nos veremos en las misas del fin de semana. Para todos mi más sincero abrazo en la distancia y por estos medios digitales.

