lunes, 4 de mayo de 2020


UN SOLO PASTOR, UNA SOLA FE Y UNA INMENSA ESPERANZA

Queridos feligreses y amigos:
Arrancamos otro lunes dentro de este estado de alarma. Un día en el que se nos permiten ya ciertas rutinas de normalidad, pero tenemos que tener cuidado y ser muy responsables. Este virus ha roto muchos estamentos sociales que tendrán que irse recuperando, tanto sanitaria como económicamente; ha dejado fuera muchos proyectos e ilusiones de infinidad de personas; estamos pagando altas cotas de falta de libertad, y ha sumido en la tristeza a quienes no se han podido despedir de sus seres queridos como les hubiera gustado. Por todos ellos y por cada uno de nosotros necesitamos orar con más insistencia, y ser colaboradores directos en la erradicación de los contagios. No esperes a que otros hagan lo que tienes que hacer tú.

Seguimos leyendo en la liturgia de hoy el mensaje del Buen Pastor (Jn 10,11-18). Os recomiendo una lectura tranquila de esta bella página evangélica. “Yo soy el Buen Pastor que da la vida por las ovejas; (…) conozco a las mías y las mías me conocen”. Resulta sorprendente la labor diaria de los pastores con el ganado: conocen a las ovejas, saben de su carácter y forma de comportarse, entienden perfectamente cuando alguna está enferma o débil, conocen los signos del cielo para salir a pastorear o permanecer en el redil, además de estar perfectamente informados, en el tiempo presente, del balanceo de mercados y precios de piensos para saber si hay rentabilidad … es toda una labor a la que dedican tiempo y vida.

Los pastores ejercen una autoridad en medio del ganado. Una presencia de voz de mando, y de llamada que no espera respuesta tardía. Pero es una autoridad ejercida desde el servicio a sus ganados. Para ellos no hay días de fiesta, ni días de vacaciones. Están todo el día con sus rebaños haga calor o frío, llueva o ante un sol de justicia, … viven para servir a sus ovejas desde un sacrificio que se quita comodidades en momentos oportunos. Se entregan a su labor a tiempo y a des-tiempo.

La imagen con la que se auto-define Jesús es muy ilustrativa de su vida: conoció a los suyos (- nos conoce a nosotros -) y llamó por su nombre; atendió las necesidades de su vida; sabe acompañar y educar con su mensaje lleno de vida y de esperanza; ama y se entrega hasta el final. Cuando una oveja se pierde se sale al encuentro de ella, como Dios Padre sale al encuentro, en su Hijo, de cada uno de nosotros, respetando nuestra más absoluta libertad; y espera poder llevarnos en sus brazos para que sintamos su amor cercano; nos adentra en el encuentro con el grupo, con la comunidad, con los demás. No es un asalariado que huye y se esconde ante el peligro: “el asalariado, ve venir al lobo,  abandona y huye”.

La Iglesia nos llama a entrar por la una única puerta que es Cristo; un único pastor que es el Señor. Jesús es quien nos reconforta en momentos de bondad y de dificultad porque es cercano y cuida de nosotros. Nos alimenta con su Palabra y lo sentimos a nuestro lado. En estos días tan difíciles está actuando a través de muchas personas para hacer más digna la vida; tantas buenas personas que se entregan, que acompañan y aportan dones de gratuidad para hacer más llevadera esta situación y más solidaria la mesa con los bienes fraternos.

En este tiempo de dificultad acudimos al Buen Pastor y Él nos sigue acompañando. Seguramente tendremos que renovar nuestra fe en medio de esta realidad para transformar nuestra vida. Si ponemos en el centro la Palabra inconfundible del Buen Pastor estaremos invitados a escucharle y a seguirlo.

Jesús, Buen Pastor, nos llama a vivir la fe desde el servicio por construir un mundo mejor. Nos pide que escuchemos su voz y lleguemos a los demás con sus palabras y con sus actitudes:  “Tengo otras que no son de este redil; también a esas las tengo que atraer y escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño y un solo pastor”. Tenemos que vivir atentos a los signos de los tiempos para actuar como Iglesia, compasiva, misericordiosa y samaritana, y ser voz del Buen Pastor animando esperanzas y construyendo el Reino de Dios.

Sigamos acudiendo en este mes de mayo a la Virgen María desde la actitud del agradecimiento por su amor maternal y pidiendo que nos acompañe en los senderos de nuestra vida. ¡Feliz lunes!. Un fuerte, y más deseado, abrazo.